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La buena conducta también se aprende



Para portarse bien, primero hay que sentirse bien. El educador y escritor norteamericano Alfie Kohn explica por qué recurrir a las recompensas puede resultar perjudicial, y cuál es la alternativa para que los niños aprendan valores, se comporten y sean felices.

por Cecilia Galli Guevara

Si pensamos en “disciplina”, posiblemente nos vendrá a la mente la imagen de un padre que castiga a su hijo o lo reprende con dureza. Hoy día, afortunadamente, esta imagen hiere muchas sensibilidades. Rígida y dura, desentona con los valores del respeto a todos que debe buscar una sociedad equilibrada.

Cuando criamos o educamos con respeto, ante una mala conducta de nuestros niños, lejos de reprimir o castigar, nos preguntamos cuáles son los motivos que los han llevado a ese comportamiento. Desde esta óptica, una mala conducta es un síntoma más que una característica del niño; un síntoma del que nos interesa buscar las causas para subsanarlas y así ayudar a nuestro pequeño a crecer feliz.

Tal vez sea hora de ir “más allá de la discliplina”, o de buscar su verdadero sentido. La palabra “disciplina” y la palabra “discípulo” tienen un origen etimológico común: discípulo es aquel que aprende una disciplina, es decir, una materia de estudio. Y, como explica en uno de sus libros el pediatra estadounidense William Sears, promotor de la crianza con apego, cuando hablamos de disciplina podemos entenderla como “materia de estudio”, no como mera obediencia ciega. El discípulo, el aprendiz, procesa el aprendizaje, lo digiere y razona para hacerlo suyo. Justo como un niño aprende a "portarse bien".

Premio y castigo, dos caras de la misma moneda

El autor norteamericano Alfie Kohn aporta un nuevo concepto al “problema” de la disciplina, que echa por tierra algo tan arraigado en los mecanismos que utiliza nuestra sociedad para criar y para motivar en general como son las recompensas. En su libro Punished by Rewards (“Castigados por las recompensas”), el autor sostiene que nuestra estrategia fundamental tanto para educar a los niños, como para enseñar y tratar a los empleados, se resume en la idea “haz esto y recibirás aquello”. Nos empeñamos en poner una zanahoria frente a las personas, como si quisiéramos hacer caminar a un burro.

¿Cuál es el problema de este abordaje? Como explica Kohn en su artículo “El riesgo de las recompensas”, los premios que se les ofrecen a los niños a cambio de que estudien o de que se comporten como nosotros queremos pueden ser tan contraproducentes como los castigos. En el caso del castigo, “al hacer sufrir a los niños para alterar su comportamiento futuro, se puede obtener una complicidad temporal. Pero esta estrategia no los ayuda a convertirse en personas que toman sus decisiones de forma ética y compasiva”, dice Kohn. Esto significa que la amenaza del castigo o de las “consecuencias” asegura un buen comportamiento sólo momentáneo, ya que en realidad tiende a generar desafío y búsqueda de venganza. De manera similar, afirma el autor, al ofrecer recompensas no les estamos enseñando a los niños a portarse bien, a elegir el buen comportamiento como un fin en sí mismo, sino que estamos alentando una obediencia temporal: se portarán bien, estudiarán, harán lo que queramos, pero no porque deseen hacerlo o porque comprendan que es mejor, sino para obtener su recompensa. Premio y castigo son, pues, como dos caras de una misma moneda.

Kohn asegura que cuando se alienta a un niño, por ejemplo, a compartir, ofreciéndole un premio a cambio, el único beneficio que ve el niño en su buena acción es la recompensa que recibe por ella. Y esto se traduce en que, a falta de premio, falta de buena acción: un chico educado de esta forma no ve otro bien más allá de la recompensa y no incorpora los valores que deberían motivar una buena acción. Además, apoyándose en numerosos estudios, el autor asegura que a largo plazo los niños pierden interés en las recompensas que se les ofrecen.

El objetivo no debe ser, pues, que los niños se porten bien, sino que aprendan, crezcan y desarrollen la capacidad de discernir entre qué es lo bueno y qué es lo malo, y el gusto por elegir lo que les hace bien.

La alternativa a los premios

El objetivo de los métodos de disciplina positiva es enseñar a los niños a ser responsables, respetuosos, cooperativos, capaces de resolver conflictos. Para lograrlo, se alienta el respeto mutuo, se busca identificar las creencias que subyacen detrás de los comportamientos y se pone el foco en las soluciones a los problemas, en lugar de las consecuencias o castigos que puedan traer éstos. Se trata de implementar un método que enseñe, no que obligue.

La tarea de los padres y de los educadores, define Alfie Kohn, es apoyar realmente a los niños. ¿Qué significa esto? Brindar verdadero apoyo a los niños es enseñarles a hacerse cargo de sus propias vidas: en lugar de hablarles tanto y decirles siempre lo que deben hacer, empezar a observarlos, hacerles preguntas y de esta manera alentarlos a crear soluciones para los problemas cotidianos.

En esta instancia, el autor destaca lo fundamental del proceso de aprendizaje, que define como más importante que los resultados en sí mismos: Kohn asegura que cuando el niño se apropia la solución (que le pertenece porque él o ella colaboró en su creación) es más probable que tenga éxito.

¿Cuál es, entonces, la alternativa a las recompensas? Nuestros niños no son mascotas que aprenden trucos cuando les damos una golosina, sino que son seres humanos en perpetuo desarrollo. Lo mejor que podemos hacer para alentar el buen comportamiento, dice Kohn, es adoptar un abordaje que apoye e incentive su capacidad de tomar decisiones responsables, ofreciéndoles nuestra ayuda y guiándolos. Y cuando un chico no quiere cooperar, debemos buscar cuáles son las razones por las que no está interesado: ¿será quizás que pretendemos que aprendan algo que no les es útil porque no se relaciona con su realidad, en el caso del aprendizaje escolar? ¿O es la forma en la que les enseñamos?

Una nueva perspectiva

Como explica Alfie Kohn en una entrevista publicada en Family Education, gran parte de su trabajo se basa en la distinción entre “hacerles cosas a los niños” y “trabajar con los niños”: la única forma de ayudar a los niños a ser personas generosas y responsables y a que aprendan durante toda su vida es trabajar con ellos en la resolución de problemas y en la toma de decisiones. Pero eso lleva tiempo. También supone cuidado, habilidad y en algunos casos coraje, ya que debemos reconsiderar la validez de nuestras peticiones y expectativas sobre lo que se supone que el niño debe o no debe hacer. Necesitamos comenzar a pensar bien qué les pedimos a los niños que hagan.

El autor asegura que los premios son innecesarios cuando se les ofrece a los niños un entorno seguro y solidario en donde pueden crear y descubrir, y un grado significativo de elección sobre qué desean aprender y por qué motivo. Los buenos valores, pues, deben ser cultivados desde adentro, y no impuestos desde afuera.

Más información

Alfie Kohn: http://www.alfiekohn.org
El riesgo de las recompensas
Entrevista a Alfie Kohn en Family Education.
Alfie Kohn. Beyond Discipline. Virginia: ASCD, 1996. http://books.google.es

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© Cecillia Galli Guevara. Redacción 12/04/2010 Actualización 10/03/2011

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