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La edad de los cuentos



Hablar de cuentos necesariamente nos remite a la niñez, una etapa de la vida que se asocia con momentos felices de juegos, historias y grandes aprendizajes. Pero crecer implica cambios de todo tipo. Y bien sabemos los mayores que esto puede producir ansiedad, temor e incertidumbre sobre todo en un niño, que no sabe mucho de las cosas del mundo, de las personas ni de sí mismo.

Comida, abrigo y cobijo son las necesidades primarias que los adultos deben proveer al pequeño. Pero un niño también requiere de un sostén afectivo sólido y empático expresado con mimos, caricias, cuidados y también con palabras, para posibilitar su despliegue emocional y psíquico.

Momentos críticos
Los momentos críticos en la infancia se manifiestan en forma de tensiones corporales y psíquicas, asociadas al crecimiento y a cambios relativos a la estructuración psíquica y corporal, que dan paso a un modo de relación nueva con los objetos, con otras personas y con su cuerpo.

Pasar del útero materno, donde el bebé recibe todo lo que necesita, a los brazos de mamá implica un cambio de espacio, de condiciones ambientales, de relación con otros que aparecen en el horizonte familiar y del propio cuerpo, que experimenta nuevas necesidades que deben ser satisfechas por los adultos que lo cuidan. Cuanto más crece el niño, más horas permanece despierto para completar su desarrollo sensorial y motriz. Más tarde comenzará el gateo, la marcha, las primeras separaciones físicas y la necesidad de un decodificador o guía que le permita introducirse poco a poco en el mundo simbólico de las palabras.

El pequeño, ante estas exigencias adaptativas propias y externas, experimentará tensiones físicas y psíquicas que deberán ser manejadas y resueltas con la ayuda de adultos significativos para pasar a la siguiente etapa, sin presiones ni sobrecargas. Todas estas vivencias contribuirán a la estructuración mental y emocional del pequeño.

Las palabras, el juego y el arte...
Los cuentos, al igual que el juego, son una actividad fundamental en la infancia y tienen un enorme valor para los niños como espacios y momentos privilegiados, donde poder descubrir el mundo, descubrirse y construirse como sujetos autónomos, deseantes, integrados en la cultura y en comunicación con los demás.

Los niños repiten en el juego todo cuanto les ha provocado una gran impresión en su día a día. De este modo, “metabolizan” y “digieren” la intensidad de la impresión, y así se adueñan de la situación.

Muchas veces, un adulto recrimina un mal comportamiento a un niño, que llora por ello, y, poco después, vemos que el pequeño “recrea” la situación con un juguete u otro niño. Repite esa situación, en su momento angustiosa, para “digerirla” y tratar de entenderla y comprender las normas que tiene el mundo. Solo tras esto, podrá incorporarlas, nunca antes.

Del mismo modo, las historias narradas ofrecen un escenario ideal para “digerir” y metabolizar las tensiones psíquicas que se producen durante los “momentos críticos” de la infancia. También brindan una excelente oportunidad de acompañamiento emocional y sostén simbólico.

Cuentos a través de la historia
Desde la antigüedad, se han utilizado los relatos para trasmitir la experiencia, los conocimientos, la cultura y los valores del grupo a las nuevas generaciones.

“A través de los siglos, al ser repetidos una y otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado. (...) Al hacer referencia a los problemas humanos universales, especialmente aquellos que preocupan a la mente del niño, estas historias hablan a su pequeño yo en formación y estimulan su desarrollo...” B. Bettelheim

A través de las historias, el juego y todas las formas del arte, el niño puede comprender y reconstruir la realidad. Puede constituirse psíquicamente.

El primer libro, una nana
Los bebés y los niños se conectan con las historias mucho antes de poder sostener los libros con las manos; incluso antes de ver bien. Porque, al principio, “leer” es escuchar. Cuando aún están en el vientre, los bebés reconocen las voces de sus padres y esa voz amorosa que les da seguridad es el hilo que siguen para descubrir el mundo cuando nacen, momento en el que sus sentidos más desarrollados son el oído y el tacto. Las palabras de los primeros libros deben dirigirse a esos sentidos para poder despertar los otros.

La música, el ritmo, las repeticiones y la sonoridad de las nanas y rimas que les llegan con las voces de sus padres son el primer “libro” de los bebés. Un libro que se canta mientras los acariciamos y mecemos, un libro que se canta para provocar las primeras sonrisas, para decirles que les amamos y que llegaron a un mundo en el que queremos compartir muchos momentos especiales con ellos, muchas palabras y emociones, muchas y muy diversas vivencias, lecturas y aventuras en el camino de hacernos mayores.

Para salir al mundo
Cuando vamos a emprender un viaje solemos prepararnos para recorrer lugares nuevos, con una cultura diferente y quizás hasta con una lengua desconocida para nosotros. Para ello, buscamos “recursos”, “mapas”, “guías” que nos acompañen, nos orienten, faciliten esa “aventura” y nos permitan vivir momentos agradables para contar de regreso a casa, renovados y con nuevas experiencias que quizá hayan cambiado nuestra visión del mundo y de nosotros mismos.

Así, los niños necesitan de estas palabras-guías que los acompañarán en el camino de crecer a través de un mundo que es totalmente nuevo y desconocido, y que está lleno de objetos pero también de personas, palabras, formas de hacer las cosas y reglas que lo rigen. Somos los adultos, con nuestras palabras y afecto, quienes les vamos proveyendo de todas esas guías que les permitirán recorrer los caminos con más o menos recursos para que la aventura de “salir al mundo” sea más o menos afortunada. En esta tarea, los cuentos son un recurso privilegiado que ayuda a “cargar la mochila simbólica de los niños”.

Andamios humanos
El concepto de “andamiaje” se relaciona con la necesidad de sostén simbólico del niño. En una analogía, diremos que los padres y los adultos que más tarde aparezcan en el universo familiar y social del niño son como “andamios humanos”. Un andamio es una estructura que se coloca alrededor de una obra que va a construirse. Este andamio, al igual que los adultos, deberá estar a la distancia adecuada: lo suficientemente cerca para proveer los “materiales” necesarios en el despliegue de “la obra”, pero también alejado para permitir que “esta construcción” tome su propia altura y estilo y no se “ahogue” con la forma del andamio. Desde el “andamio” se le proveen “materiales”: palabras que nombran y explican su presente, historias que lo vinculan con sus orígenes, que lo ubican dentro de un “linaje familiar” y que también lo proyectan hacia el futuro.

Palabras-materiales
La psicoanalista francesa, Marie Bonnafé, diferencia en la comunicación de los adultos con los bebés y los niños dos tipos de lengua:

  • Lengua fáctica o de mensajes operativos: “Haz esto”, “Toma”, “Basta ya”, “Hala”, “Venga” que transmiten consignas breves, prohibiciones o permisos. Esta lengua es fluida, incompleta y poco estructurada; no hay principio ni final y el sentido queda incompleto. Solo lo comprenden los que están en la situación.
  • Lengua del relato: permite expresar viajes al pasado, al futuro o a lugares distintos de los que escenifican la vida cotidiana. Se enuncia en una sintaxis correcta bien estructurada y secuenciada para comprender el sentido sin necesidad de estar presente: “¿Recuerdas? Íbamos al parque cuando se le escapó el perro a esa señora tan elegante. Tú te asustaste mucho pero el perrito no te hizo nada, solo quería jugar. Así que, si se te acerca de nuevo no, te asustes.” Es un pequeño relato que hila el pasado, el presente y, por qué no, el futuro…

Ambas modalidades de comunicación son necesarias y válidas desde los primeros días del niño. Hablar solo del presente sería tan nocivo como nunca narrar nada. A través de ambas formas del lenguaje, los adultos transmiten esas “palabras-materiales” a los niños desde bebés para ayudarlos a crecer como sujetos autónomos y creativos, desplegar todas sus posibilidades e integrarse en el mundo.

Un viaje iniciático
Un viaje iniciático es una experiencia, en la que un individuo se enfrenta con situaciones hostiles o adversas que harán que su personalidad cambie, tome conciencia de sí mismo, de la realidad externa o de su misión en la vida, y vea modificado y fortificado su carácter, espíritu o experiencia para lograr convertirse en una mejor persona, después de superar una serie de situaciones difíciles de afrontar.

Para transitar por la vida, necesitamos adquirir y desarrollar recursos propios internos. Estos recursos son guías que nos orientan y nos dan las herramientas que necesitaremos en los distintos “viajes” que emprenderemos a lo largo de nuestra existencia.

El niño viene al mundo sin saber nada sobre él. Todo lo de afuera es extraño y nuevo. Pero también lo propio. Él mismo necesitará conocerse, comprenderse a sí mismo en una interacción con el complejo mundo de estímulos, relaciones y normas que lo rodean. Para poder enfrentarse a semejante tarea, necesitará sostenes, recursos e ideas sobre cómo acomodar su vida interna, comprender sus emociones y entender las complejas reglas que rigen las interacciones con los objetos, con las personas y con la sociedad.

Los cuentos e historias en la infancia aportan esas guías y sostenes que necesita el niño para animarse a realizar todos los pequeños y grandes “viajes” iniciáticos que le permitirán volver de esas “aventuras” y regresar al “hogar”, fortalecido emocionalmente, más sabio y con renovados deseos de emprender un nuevo viaje, después de tomar la merienda…

Esta historia continuará…

Historias para cada edad, para cada momento crítico
Los cuentos e historias infantiles tienen características diferentes que vale la pena conocer a la hora de seleccionar propuestas literarias para los niños. A estas particularidades se les debe sumar la variable de la edad, de los intereses y, fundamentalmente, la del período crítico en el desarrollo emocional que atraviesa el niño. Estos conocimientos nos permitirán hacer elecciones más adecuadas a cada “oyente o lector”.

Las siguientes sugerencias son una breve síntesis del tipo de historias para los pequeños según las edades y que ejemplifican también las diferentes instancias críticas por las que deberán atravesar los peques en su desarrollo.

  • El primer año de vida. Cuentos e historias que muestran el mundo: cuentos que muestran animales, objetos, texturas, etc.
  • Del año a los 3 años. Cuentos de situaciones cotidianas: la comida, el sueño, el baño, las normas, las personas que viven en su mundo.
  • De los 3 a los 6 años. Cuentos tradicionales: los de miedo, los que tratan sobre sentimientos, los que cuentan historias que amplían su universo cotidiano.
  • De los 6 a los 10 años. Cuentos de aventuras, cuentos fantásticos, los cuentos disparatados y de humor, las adivinanzas, los libros de información.

Autoras:
Cinthia Sprenger – Logopeda - Mgter en Psicopedagogía Clínica- Terapeuta Hanen Directora de Elopsi- Espacio de formación en salud y educación www.elopsi.com

Colaboración de la Licenciada en psicología Mónica López especialista en tratamiento de niños y adultos que desarrolla su práctica privada en Madrid (monic_lo@hotmail.com)

La edad de los cuentos también en versión on-line: http://www.elopsi.com/datos/flyer%20la%20edad%20de%20los%20cuentos%20on-line.jpg

Bibliografía:

  1. Bettelheim, Bruno (1999); Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Ed. Crítica, Barcelona
  2. Montoya, Víctor; "El poder de la fantasía y la literatura infantil", http://www.leemeuncuento.com.ar/fantasia.html
  3. Petit, Michelle (2009), La Infancia en el país de los libros, Ed. Océano Travesía, Madrid
  4. Savater, F. (1994). La infancia recuperada. Taurus, Madrid.

 

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