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Los mapuches, pobladores indígenas del sur de Chile, hace siglos que utilizan trozos de esta alga, para aliviar la dentición de sus bebés. Esta tradición no deja de tener su acierto y su base científica, ya que el cochayuyo, además de tener volumen y una consistencia elástica que permite morder cediendo a la presión de las encías y así calmarlas, desprende al mezclarse con la saliva oligoelementos y minerales, entre los que destaca el calcio y el magnesio, fundamentales en la mineralización de dientes y huesos. Al morder la "corteza" del cochayuyo, esta no se corta sino que se desprenden pequeñas cantidades de su fibra interna que facilitan el tránsito intestinal y sustancias que ayudan a reducir la inflamación.
Su uso como mordedor consiste en dar directamente al bebé un trozo del alga lavada, para que la chupe y la muerda. Puede reutilizarse enjuagándola y poniéndola a secar sobre una tela de algodón, mientras no pierda excesivamente su consistencia. La trola es el nombre popular que se le da a los trozos de la parte más ancha de esta alga comestible.
De cada unidad pueden cortarse de dos a cuatro trozos como mordedor. Es importante evitar que el trozo que se le da como mordedor esté agrietado, ya que entonces podría desprenderse parte de la corteza. Podemos aprovechar las cualidades nutritivas y depurativas de esta alga como ingrediente en las preparaciones de las comidas del bebé cuando ya no tenga lactancia exclusiva.
En Chile, el otro uso tradicional de las trolas se basa en hervirlas, rellenarlas con queso y después rebozarlas; el resultado es un plato sencillo y exquisito a la vez.
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