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Publicado el martes, 02 de septiembre de 2014.
Autor: Patricia López Izquierdo
Tiempo medio de lectura: 6 minutos y 17 segundos
Todos los bebés maman como pueden. Y no todos pueden mamar igual.
El órgano principal de la succión es la lengua, acompañada del resto de la boca. Cada bebé ha de acoplarse al pecho de su madre, que puede ser de muy variadas formas y tamaños. La lengua y el pezón son las estructuras físicas en las que se basa la lactancia. Por eso cuando hay dificultades lo primero que hay que revisar son las estructuras orales del bebé.
Algunos tipos de lengua tienen más dificultades para succionar y, en algunos tipos de pecho, estas dificultades pueden complicarse. Los pezones cortos, planos o invertidos son más difíciles de agarrar que los largos y flexibles. Algunos pezones son muy grandes para la boca del bebé y otros muy pequeños. Aunque prácticamente todos los pechos y pezones sirven para amamantar, la realidad es que con algunos es más fácil hacerlo que con otros. Cada bebé tiene además un carácter y un tipo de comportamiento propios y según sean de tranquilos o impacientes, volubles o perseverantes, el amamantamiento será más o menos difícil o plácido.
Cuando la lengua está muy sujeta al suelo de la boca por su frenillo, decimos que existe anquiloglosia o frenillo sublingual corto. Existen muchos tipos y grados de anquiloglosia que pueden afectar de formas muy variadas a la capacidad de succión del bebe. También pueden influir en otros aspectos de la fisiología oral del bebé más allá de la lactancia (succión-deglución), como por ejemplo en la respiración, causando ronquidos y apneas y predisponiendo a las infecciones, o incluso en la dicción a largo plazo dificultando la pronunciación de ciertos fonemas. En algunas ocasiones, la anquiloglosia queda compensada por las demás estructuras orales y por el desarrollo del bebé, y no se aprecian grandes efectos negativos durante la lactancia ni después.
Podemos decir que faltan muchos estudios a medio y largo plazo y que es muy aventurado hacer predicciones o recomendaciones universales sobre los frenillos en los bebés. Cada caso es único, cada bebé es diferente y cada díada madre-bebé compensará la escasa movilidad de la lengua de una forma u otra; o bien no podrá hacerlo y la lactancia será vivida con mayor o menor sufrimiento fracasando antes o después.
Una lengua libre y funcional realiza para mamar una serie de movimientos: extensión (sacar la lengua), acanalamiento, doblándose por los lados para abarcar el pezón y sujetarlo dentro de la boca, y finalmente peristaltismo, que es una onda para extraer la leche por presión negativa y exprimir el pecho a la vez.
Si la lengua no se puede mover con total libertad, estos movimientos de la succión normal están limitados; entonces empiezan a actuar mecanismos de compensación que suelen ser fuerzas ejercidas con las encías, el paladar y el resto de la boca .Estos mecanismos de compensación dan como resultado una gran presión sobre el pezón (mordisco) que resulta aplastado y friccionado, es decir, herido, con grietas o simplemente dolorido. A veces, esto es también causa de una sobre estimulación del pecho.
En otros casos, la madre no percibe dolor porque el bebé succiona con tan poca fuerza o escasa eficacia que apenas extrae y ejerce muy poca estimulación, dando como resultado una baja producción de leche o hipogalactia y el consiguiente bajo aumento de peso del pequeño.
La anquiloglosia produce una serie de dificultades al mamar que son fácilmente detectables: al bebé se le escapa el pezón de la boca, hace ruidos tipo chasqueo, traga aire, se impacienta… A veces rechaza el pecho por frustración, llora durante la toma o bien hace tomas interminables y continuas para intentar compensar su baja eficacia aumentando el tiempo de succión. En ocasiones se agota por el esfuerzo y se duerme al pecho nada más empezar a mamar. A muchos bebés con frenillo les sale una ampolla en el labio llamado callo de succión, debido a la fricción que ejerce el labio sobre el pecho.
Además de los frenillos sublinguales también hay otras particularidades anatómicas que pueden entorpecer la lactancia. La más frecuente es la retrognatia, o mandíbula inferior muy retrasada, el paladar muy elevado o en burbuja, que parece ser que está causado por el propio frenillo sublingual corto, o la macroglosia o lengua grande, más rara de encontrar y que también puede dificultar la succión. Casos obviamente especiales de conformación oral diferente son el labio leporino o paladar hendido que suponen un gran obstáculo (aunque no insalvable) para la succión del pecho.
Si detectamos un frenillo sublingual corto que parece estar causando dificultades a un bebé y a su madre, hay varias cosas que podemos intentar proponer:
En mi experiencia como asesora, observo que una buena parte de las dificultades de lactancia se asocian a anquiloglosia en los bebés. Me parece muy importante explicar y recalcar que visualizar y nombrar un frenillo sublingual corto es nada más y nada menos que dar una explicación física a las dificultades que se presentan al amamantar. El modo de ayudar a resolverlo debe ser siempre individualizado y ha de ser la madre quien decida como hacerlo, a ser posible con la ayuda de profesionales sanitarios sensibles y formados en lactancia materna.
Una vez más, el papel de la asesora es el de ofrecer información lo más actualizada y científica posible, brindando a la vez todo el apoyo y acompañamiento que podamos en la lactancia única de cada madre y cada bebé.
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Patricia López Izquierdo es veterinaria, IBCLC hasta 2021, asesora de lactancia y madre de 4 hijes.
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