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Consejo atroz de Supernanny

Publicado el lunes, 26 de agosto de 2019. Revisado el lunes, 26 de agosto de 2019.
Autor: Alfie Kohn
Tiempo medio de lectura: 7 minutos y 18 segundos

Al tirano le viene bien el disturbio. El desorden proporciona una excusa para rescindir las libertades a fin de restablecer la calma. Después de todo, solo hay dos opciones: caos y control. Incluso los creadores de Get Smart lo comprendieron.

Y también lo hacen lo saben los creadores de Supernanny y Nanny 911. Cada semana introducen sus cámaras en un hogar suburbano disfuncional donde los niños golpean las paredes y los padres se suben por las paredes. Hay lloros, hay gritos, hay golpes... y los niños son muy malos. Pero, espera, mira hacia arriba. Es un pájaro; no, es una niñera británica, sencilla y sin tonterías, dispuesta a aterrizar con una pócima de control pasada de moda. Pronto los desorientados padres estadounidenses volverán a estar al mando cómodamente, los niños estarán tranquilos y complacientes, y todos estarán llenos de gratitud. Apuntalado por música almibarada, abrazos lentos y un vistazo a la familia aún más desesperada de la próxima semana.

Estos programas elevan la manipulación del espectador a una forma de arte. Para empezar, la selección de niños inusualmente desagradables nos invita a disfrutar de una autofelicitación escalofriante: ¡Al menos mis hijas y mis habilidades parentales no son tan malas! Más aún, estas familias anárquicas nos ponen en disposición de enraizar soluciones totalitarias. Cualquier cosa con tal de detener los disturbios.

Se nos anima a fingir que vivir con un equipo de cámaras no influye en la forma en que los padres y los niños interactúan, y hacer caso omiso de lo que se dice acerca de estas personas que permiten que su humillación sea televisada. Se nos pide que creamos que las familias pueden transformarse por completo en unos días y que asumamos que las imágenes redentoras del final revelan las excepcionales habilidades de la niñera, en lugar de las del personal de edición del programa. De momento, un buen número de dramas televisivos, e incluso algunas comedias de situación, se abstienen de otorgar finales felices inventados. A veces, el paciente muere, el delincuente gana al fiscal, el imbécil no se transforma. Sin embargo, aquí, en el ámbito de la programación de no ficción, se debe encontrar una solución ordenada antes del finiquito. Quizás sean los realities los programas más alejados de la realidad.

Podríamos reírnos de la inverosimilitud de estos programas, si no fuera porque están enseñando a millones de padres reales cómo criar a sus hijos reales. Llegados a ese punto, sí que importa que nos estén dando gato por liebre.

Consideremos la Supernanny de la cadena ABC. (La imitadora de Fox, Nanny 911, difiere sobre todo en que un elenco rotativo de niñeras comparte el papel principal). El programa es extremadamente previsible: Jo Frost, la niñera titular y ahora autora de bestsellers, llega, observa, hace muecas, afirma lo obvio e impone un cronograma con un conjunto de reglas y castigos. Los padres titubean pero acaban por dominar su sistema. Todos satisfechos.

Los límites del espectáculo, sin embargo, son menos consecuentes que los límites de su estrella. El enfoque de la Sra. Frost frente a las crisis familiares es increíblemente ingenuo; es la estrechez de su repertorio, no solo las limitaciones del medio, lo que la lleva a ignorar las cuestiones importantes. Nunca se detiene a plantear si accediendo a guarderías de alta calidad y bajo costo se podrían conciliar mejor las exigencias del trabajo y las de los niños. Ni siquiera profundiza en cuestiones psicológicas. ¿Las expectativas de los padres son apropiadas para la edad del niño? ¿Podría algo más profundo que la falta de habilidades explicar por qué responden, o no responden, sus hijos como lo hacen? ¿Cómo han sido criados?

La niñera nunca se para a mirar debajo de la superficie, y hace un análisis idéntico de cada familia. El problema siempre es que los padres no son lo suficientemente enérgicos en el control de sus hijos. No tiene ninguna duda sobre el poder, siempre y cuando solo lo tengan los mayores. Los niños son el enemigo que debe ser conquistado. (Al comienzo de Nanny 911, el narrador estentóreo advierte que los niños "dominan la casa" e incluso en un episodio los niños se describen como "pequeños monstruos"). Los padres aprenden a lograr que duerman la siesta ahora mismo. Si los niños están cansados o no, ​​es irrelevante.

Las palabras favoritas de Supernanny son "técnica" y "consistencia". Primero, se publica un cronograma (todos comen a las seis en punto porque lo dice ella) y se les da a los niños una lista de reglas genéricas. Las claves son la imposición y el orden, no la enseñanza y la reflexión. Por lo tanto, en lugar de ayudar a un niño a pensar en las consecuencias de agredir a otros, simplemente se le informa de que pegar es "inaceptable", sin entrar en la razón o en la moralidad de eso. Luego se ve obligado a "quedarse en el rincón de los malos". Más tarde, la niñera le ordena a papá que le ordene al niño que se disculpe. Las palabras deseadas son murmuradas bajo coacción. Los adultos parecen contentos.

Para que todo cuadre, los niños son controlados tanto con recompensas como con castigos. Aquellos que no comían lo que (o cuando, o tanto) pretendían los padres, reciben multitud de elogios tan pronto como lo hacen: un "¡Buen chico!" con cada bocado. Efectivamente, comen un poco más. Estos niños pueden estar tan desesperados por ser aceptados que se conforman con el refuerzo contingente, en lugar del amor incondicional que realmente necesitan.

La niña de una familia está acostumbrada a que mamá se acueste a su lado a la hora de ir a la cama. Olvídalo, dice Supernanny, y se interrumpe la costumbre sin advertencia ni explicación. Cuando la niña grita, queda demostrado lo manipuladora que es. Más tarde, mamá confiesa: "Casi me sentí como si la estuviera maltratando". "No te rindas", insiste la niñera, y el recelo pronto cede a "Está funcionando; cada vez está más tranquila", lo que significa que su hija ha perdido la esperanza de que mamá se acurruque con ella.

En otro episodio, un niño está jugando con una manguera en el patio trasero cuando su madre anuncia de repente: "Se acabó". El niño protesta ("¡Estoy limpiando!") y se cierra el grifo. Él se enfada y le da una patada a una carretilla. Supernanny no da crédito: "¡Solo por cerrar el grifo!" Ningún comentario sobre la crianza autocrática e irrespetuosa que detonó el estallido. Pero claro, la crianza autocrática e irrespetuosa es su línea de trabajo.

La superficialidad de Supernanny no es accidental; es ideológica. Lo que estos programas venden es conductismo. La cuestión no es criar a un niño; es reforzar o extinguir conductas específicas, lo cual es suficiente si crees, como el difunto BF Skinner y sus súbditos sobrevivientes, que no hay nada más allá de esas conductas.

El conductismo es tan americano como recompensar a los niños con tarta de manzana. Somos gente ocupada, con fortunas que amasar y tierras que conquistar. No tenemos tiempo para teorías o complicaciones: danos técnicas que funcionen. Si despedir a miles de empleados logra aumentar el precio de las acciones de la compañía, si la imposición de un plan de estudios planificado y soporífero logra aumentar la nota de los exámenes de los estudiantes, si confiar en sobornos y amenazas asegura el éxito en hacer que los niños obedezcan, entonces no hay necesidad de preguntar: "¿Pero cuánto tiempo funcionará? ¿Y a qué precio?"

En el transcurso de la documentación para un libro sobre la crianza de los hijos, descubrí algunas investigaciones desconcertantes sobre los efectos perjudiciales de técnicas como el "rincón de los malos" (más conocido como tiempo fuera), que son básicamente técnicas de retirada del amor. También hallé bastante evidencia de que los padres que se abstienen de un control excesivo y en cambio, se centran en el afecto y el raciocinio, tienen más probabilidades de que sus hijos hagan lo que les piden y de que se conviertan en personas responsables, compasivas y sanas.

Si puedes soportar sentarte a verlos, los programas de niñeras proporcionan una guía bastante fiable sobre cómo no criar niños. También ofrecen una invitación a pensar sobre la omnipresencia del pop-conductismo y nuestro ansia de soluciones rápidas. "Te lo garantizo", insiste redundantemente a un par de padres de todo corazón Supernnany, "cada vez que eres consistente, [tu hijo] recibe el mensaje".

De acuerdo, pero ¿qué mensaje?


Sobre Alfie Kohn
Alfie Kohn es un reputado escritor y conferenciante sobre temas del comportamiento humano, la educación y la crianza de los hijos. Es el autor de 14 libros y de numerosos artículos y ensayos, y ha sido reconocido como una de las personas más críticas del actual sistema escolar. Se puede contactar en www.alfiekohn.org.

Documentos de Alfie Kohn publicados en Crianza Natural

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