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Desenmascarando el mito de la culpabilidad materna

Publicado el miércoles, 18 de septiembre de 2019. Revisado el miércoles, 27 de mayo de 2020.
Autor: Tracy Cassels
Tiempo medio de lectura: 6 minutos y 27 segundos

Parece que, cada vez más, las mujeres de la sociedad occidental estamos intentando promover una “crianza libre de culpa” como respuesta al problema, siempre de moda, de la “culpabilidad materna”. Existen libros, blogs y artículos sobre el tema de la culpabilidad materna, muchos diciéndote que, hagas lo que hagas, no debes sentirte culpable; tus decisiones como madre o padre son válidas. Gran parte de estas personas te dirán que la culpa es una emoción indeseable de la que tenemos que intentar librarnos y que a nadie le hace bien sentirse culpable, especialmente en lo que se refiere a las decisiones que tienen que ver con la crianza. Pero están total e incuestionablemente equivocados.

Antes de centrarnos en la “culpabilidad materna” en sí misma, abordemos el problema de la culpa en general y, en concreto, de la idea de que la culpa es una mala emoción que no nos ayuda en nada. Sí, es horrible, todos conocemos ese agujero en el fondo del estómago cuando nos sentimos culpables por algo. Deseas desesperadamente hacer algo bien y sientes que no puedes hacerlo en ese momento y solo quieres que esa sensación desaparezca. Para siempre. Pero solo porque te sientas fatal no significa que sea una mala emoción. De hecho, es una buena emoción precisamente porque sienta tan mal.

Por desgracia, nosotros los humanos, somos mucho más sensibles a las emociones y situaciones negativas que a las positivas. Esto significa que tenemos mucha más facilidad para aprender cuando los eventos son negativos. Por ejemplo, si alguien te roba en casa, de pronto miras a ver qué puedes hacer para evitar que vuelva a suceder; aprendes de la experiencia. No es tan conveniente enfocarte solo en las cosas positivas mientras ignoras lo malo. De hecho, existe evidencia de que los individuos que son insensibles a lo malo (y se enfocan solo en maximizar lo bueno) son más propensos a eventos negativos y tienden a morir antes que otros. Creo que este resultado es “indeseable”. Evolutivamente, esta distinción entre lo bueno y lo malo tiene su lógica porque lo malo puede ser tan malo (es decir, la muerte) que tenemos que aprender a evitarlo. Si bien ya no nos persiguen los tigres ni nos atacan los osos (casi nunca), aún reaccionamos a lo negativo. Y la culpa es una situación emocional desagradable con base en las situaciones sociales. El hecho de que te roben nos transmite que ha pasado algo malo, pero específicamente nos dice que nosotros hemos causado que ocurra algo malo. Y, al igual que en otra mala situación, debemos aprender también de ella. Si te olvidas de recoger del aeropuerto a tu amigo, te sentirás mal (deberías) y la culpabilidad te obligará a reflexionar por qué te has olvidado y cómo puedes evitar ser una imbécil desconsiderada en el futuro. Te sientes mal un rato, pero ese sentimiento te hace ser mejor persona en el futuro. De hecho, las personas que suelen sentirse culpables también tienden a ser mejores tomando perspectiva, muestran una mayor empatía hacia los demás, son más prosociales y tienden a tener valores más próximos a la igualdad y a la bondad. Ya no parece tan terrible, ¿verdad?

Por esta razón, la “culpabilidad materna” es clave para la crianza de los hijos: de ella puedes aprender y ser mejor madre o padre. Y si no puedes aprender de tus errores como madre o padre, entonces los cometerás una y otra vez. Incluso en sus formas más mínimas, la culpa puede jugar un papel muy importante. Una vez, iba caminando con mi hija acunada en mis brazos y mientras doblaba una esquina golpeé su cabeza contra la pared por accidente. Si ya eran horribles los gritos de mi hija, peor me sentía porque el daño hubiera sido culpa mía. Han pasado meses desde el suceso, pero me sentí tan mal que a día de hoy, cada vez que doblo una esquina con ella en brazos, soy mucho más consciente del espacio que me rodea para asegurarme de que no vuelva a suceder.

Ahora, si la “culpa” te hace sentir inmovilizada e inútil, no se trata de “culpabilidad materna”, es depresión posparto (o simplemente depresión total). Y, si es así, necesitas buscar ayuda médica inmediatamente. Esos pensamientos extremos no ayudan a nadie. Pero parece que actualmente confundimos ambas cosas, de tal manera que cualquier sentimiento desagradable se considera malo y debe ser eliminado de nuestra vivencia como madre, algo que es ridículo. Sentirse culpable por algunas cosas es necesario para que, insisto, puedas aprender de ellas.

Pero si la “culpabilidad materna” es tan buena, ¿por qué hay tanta gente despotricando sobre ella? En primer lugar, hay quienes se oponen a ella porque no quieren responsabilizarse de su propio comportamiento ni hacer ninguna modificación en su vida. Estas personas necesitan seriamente una cura de realidad porque todo el resultado de ignorar la culpa puede perjudicar a sus hijos. Nadie es perfecto y todos cometemos errores, pero la culpa es nuestra manera de ser conscientes de que debemos mejorar en uno u otro aspecto y debemos escucharla. En segundo lugar, y creo que es un gran problema, las personas tienden a sentirse culpables por demasiadas cosas, no todas relacionadas con lo que es mejor para el bebé o la madre, sino por lo que ellos creen que la sociedad espera. En este caso, también conviene atender a la culpa, solo que hay que analizar por qué estás internalizando las expectativas de la sociedad en lugar de las tuyas.

De hecho, es posible que a lo que la gente se refiere cuando habla de “culpabilidad materna” sea en realidad “humillación materna”. En la vergüenza, uno se ve a sí mismo como menos digno y normalmente es una respuesta a algo social, mientras que la culpa es realmente un sentimiento de arrepentimiento por una mala acción que uno ha llevado a cabo. Aunque la culpa se ha relacionado con resultados positivos, como la empatía y el comportamiento prosocial (como ya he mencionado), la vergüenza no presenta tales correlaciones. Se ha dicho que "la vergüenza se asocia con el deseo de deshacer aspectos del yo, mientras que la culpa implica el deseo de deshacer aspectos de la conducta". Esta distinción es clave ya que nadie debería tener la intención de que una persona se sienta degradada de esa manera, pero también debemos de ser conscientes de que la culpa no hace tal cosa y de que la gente puede y debe sentirse mal acerca de ciertas acciones sin tener que afectar su sentido de sí mismo. Otro problema actual es el de personas que se sienten muy avergonzadas cuando no ha ocurrido nada vergonzante, algo que parece ser una culpa errónea. Tampoco conviene en absoluto tratar de convertir la culpa en vergüenza y proyectarla en otros.

No debemos hacer que una madre se sienta avergonzada por muchas de sus elecciones o acciones, pero, si ella se siente culpable por algo, debe escucharse. Desoírlo o repetir mantras sobre la negación de la culpa por las propias acciones no beneficia para nada porque solo le permitirá dominar el arte de ignorar sus instintos. El hecho es que te sientes culpable por una razón y debes abordar cuál es esa razón. La culpa es poderosa y no debe ser ignorada, especialmente no en favor de la actitud del “todo vale”. Si atiendes a tu culpabilidad, puedes usarla para bien. Puedes ser mejor persona y, lo que es más importante, mejor madre o padre.


Sobre Tracy Cassels
Tracy Cassels es la autora principal de Evolutionary Parenting. Se licenció en Ciencias Cognitivas en la Universidad de Berkeley, California, ha realizado un master en Psicología Clínica en la Universidad de British Columbia y actualmente está trabajando en un Doctorado en Psicología del Desarrollo también en la Universidad de British Columbia, en el que está estudiando como ciertos factores evolutivos afectan al comportamiento empático de los niños.

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