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Disruptores endocrinos: embarazo, lactancia y adelanto puberal

Publicado el miércoles, 18 de septiembre de 2019. Revisado el miércoles, 27 de mayo de 2020.
Autor: Liz Torres Almeida
Tiempo medio de lectura: 4 minutos y 19 segundos

Muchas familias están notando en los últimos años que la pubertad de sus hijas e hijos se adelantan. Los primeros signos de la pubertad suelen empezar alrededor de los 10 años y la media de la primera regla en las niñas españolas es a los 12. Cada vez más, los endocrinos pediátricos pasan consulta a niñas que están desarrollando las mamas con 8 y 9 años. El adelanto puberal preocupa sobre todo en relación a la talla, pues se relaciona con alcanzar menor estatura. Sin embargo, en ausencia de patología ese hecho no es tan relevante como lo es la cuestión del por qué está ocurriendo, además de la repercusión psicológica que tienen los eventos puerperales en personas que tal vez no deberían estar viviéndolos a esas tempranas edades. Es aquí donde entran en escena los disruptores endocrinos.

En primer lugar, debemos aclarar que, según los endocrinos, la pubertad precoz considerada anormal es aquella que se da antes de los 8 años. Sin embargo, sí reconocen que se trata de una cuestión que ha trascendido lo clínico para llegar a lo social y muchos apuntan sin rodeos a los disruptores endocrinos como una de las causas exógenas que ha favorecido que, de media, la pubertad se haya adelantado un año en comparación con la edad de inicio puberal quince años atrás.

Podemos definir los disruptores endocrinos como aquellas sustancias químicas, ya sean naturales o sintéticas, capaces de alterar la homeostasis hormonal (el equilibrio autorregulado de nuestro organismo). Por ejemplo, algunos disruptores son capaces de aumentar la actividad de los receptores de estrógenos, o bien bloquearlos, o actuar directamente sobre los sistemas neuroendocrinos cerebrales, repercutiendo de forma epigenética. No es difícil imaginar las consecuencias de estos mecanismos. Una de las que más resaltan en la literatura científica por su repercusión en relación a la humanidad es la capacidad de alterar la función reproductora y trascender a la siguiente generación. El adelanto puberal es la parte visible de este iceberg de inmensas dimensiones, que también se ha llegado a relacionar con depresión adolescente y cáncer de mama.

Se sabe también que la influencia de los disruptores inicia su efecto ya en el vientre materno. La evidencia estaba respaldada por estudios con ratas cuyos fetos presentaban las alteraciones propias de los disruptores. Un estudio reciente publicado en Human Reproduction (que podéis encontrar al final de este documento) analiza el impacto de un tipo ambiental concreto: los productos químicos para la higiene. Las conclusiones de este estudio de larga duración (desde que las criaturas se estaban gestando hasta el inicio de la adolescencia) determinaron que el inicio de la pubertad femenina está asociado con la exposición a productos químicos como ftalatos, parabenos y el agente antibacteriano triclosán. Estos productos están presentes en perfumes, cosméticos, dentífricos, etc. Según la investigadora principal del estudio, Kim Harley, de la universidad de California: “Si bien es demasiado pronto para decir de manera concluyente si estos productos químicos ampliamente utilizados están causando el adelanto puberal, debemos prestarles atención y estamos comenzando a tener suficiente información como para preocuparnos". La autora refiere que no existe una regulación sobre qué cantidad de disruptores es inocua para el organismo, por lo que las empresas productoras pueden campar a sus anchas. El 70% de los estadounidenses dan positivo en las muestras en orina y Harley espera que en algún momento se tengan en cuenta sus estudios a fin de regular estas sustancias controvertidas en favor de la prudencia.

Mientras la responsabilidad de los fabricantes siga diluida por la ausencia de regulación legal, el consejo es precisamente remar a favor de la prudencia: revisar las etiquetas de los productos que consumimos (prestando atención veremos que son casi omnipresentes en alimentos, higiene personal o limpieza del hogar) y escoger aquellos libres de disruptores reconocidos, especialmente si se está buscando el embarazo. En el caso de la alimentación de los lactantes, conviene perseverar en que la lactancia materna siempre será, pese a todo, la mejor opción. No es extraño que nos genere dudas, ya que si nosotras mismas estamos contaminadas, ¿será nuestra leche apta? Juan Antonio Ortega García, director de la Unidad de Salud Medioambiental del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia y Doctor en Medio Ambiente y Cáncer Pediátrico por la Universidad de Valencia no tiene duda, además de asegurar que la lactancia materna puede proteger la fertilidad y la salud reproductiva de las criaturas que han sido amamantadas. Según Ortega, a pesar de la contaminación ambiental que nos condenan a sufrir y que llega hasta nuestra propia leche, lo más sagrado de nuestro ecosistema como mamíferas, esta sigue siendo la mejor opción puesto que la fórmula no es tampoco ajena a la contaminación ambiental y, en comparación, la leche materna sigue contando con todos aquellos beneficios que no presenta la artificial. Es decir, en el balance riesgo/beneficio, los beneficios de la LM superan ampliamente cualquier riesgo asociado a la presencia de disruptores endocrinos en la propia leche materna.

Fuentes:

  • https://academic.oup.com/humrep/advance-article/doi/10.1093/humrep/dey337/5204432
  • https://www.inverse.com/article/51422-parabens-early-puberty-girls-study?fbclid=IwAR2SNp4Y_oA8tSmXL1KVesqsETeYyhXiZ_OdcHlOy2cvjALIFNik_ITngxk
  • https://www.aepap.org/sites/default/files/cursoaepap2015p95-105.pdf
  • http://www.pehsu.org/az/lacta/contaminacio.pdf

Sobre Liz Torres Almeida
Liz Torres Almeida es psicóloga, sexóloga y madre de dos niños.

Documentos de Liz Torres Almeida publicados en Crianza Natural

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