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Lactancia y cambio climático

Publicado el jueves, 05 de septiembre de 2019. Revisado el jueves, 05 de septiembre de 2019.
Autor: Jack Newman
Tiempo medio de lectura: 3 minutos y 35 segundos

Pese a que algunos insisten en negarlo, actualmente está ampliamente aceptado el hecho de que el cambio climático es el mayor peligro para la vida terrestre tal como la conocemos. Y, sin embargo, tenemos en nuestras manos, tanto en lo individual como en lo social, multitud de posibilidades para frenar la tendencia constante hacia el aumento de la temperatura.

Una cosa que no suele comentarse, y que nunca se toma en serio, es que la alimentación con fórmula repercute negativamente en el calentamiento global y que la lactancia materna puede marcar la diferencia. Por tanto, los esfuerzos para combatir el cambio climático también deben dirigirse a brindar a las madres ayuda real, eficaz y competente en sus lactancias.

Veamos cómo la fabricación de leche de fórmula repercute en el cambio climático. La elaboración de fórmula a partir de leche de vaca requiere vacas, que son grandes emisoras de metano, un gas que se produce en el tracto intestinal de los rumiantes. Y el metano es una emisión de carbono que aumenta el calentamiento global. Y no solo eso, sino que las vacas necesitan alimento. Hay que cultivar para poder alimentarlas, además de producir fertilizantes y transportar esos alimentos. La leche que se obtiene en las granjas tiene que llevarse a fábricas mediante vehículos que usan gasolina. Para producir la fórmula, es necesario construir edificios y consumir energía, que normalmente proviene de combustibles fósiles. Otros componentes, como las vitaminas y los minerales, que no se encuentran en la leche de vaca y se agregan a la de fórmula, también se producen en otras fábricas y de manera no ecológica. Y, después, la leche de fórmula se distribuye por todo el país. No hay pueblo, sin importar lo aislado que esté, donde no se pueda comprar leche de fórmula. De alguna manera habrá tenido que llegar. En muchos países no se produce, por lo que habrá llegado en camión, barco o avión, usando combustibles fósiles. Además de todo esto, hay que producir todos los materiales de embalaje, es decir, millones de toneladas de papel, metal y combustible para su fabricación y transporte, así como cantidades ingentes de papel para promocionar la fórmula. A todo esto debemos sumar el inmenso coste de fabricación de biberones que a menudo va de la mano de la alimentación mediante fórmula. Un aumento de solo el 1% en las tasas de lactancia materna supondría el ahorro de millones de toneladas de todos estos valiosos recursos y una menor producción de dióxido de carbono.

Más importante que esta fuente de gases atmosféricos es el hecho de que la lactancia materna sea una de las principales formas de espaciar los embarazos, al menos fuera de los países más desarrollados. Las mujeres que lactan según las recomendaciones (6 meses en exclusiva y hasta los dos años como mínimo) tendrán bebés cada dos años o dos años y medio, ya que la regla vuelve entre los 14 y los 17 meses tras el parto (según la media estadística). Esto tiene importantes implicaciones en cuanto a frenar el crecimiento de la población mundial, además de aumentar la supervivencia de los niños nacidos. El resultado, en contra de lo que podría pensarse, es menos niños en lugar de más, puesto que, gracias al aumento de la supervivencia, el deseo de los padres por tener más descendencia disminuye. La feroz promoción de la fórmula impide este espaciamiento natural de los nacimientos y tiene como resultado una mayor población mundial, que utiliza más recursos, incluidos combustibles fósiles.

Todos queremos que nuestros hijos y nietos crezcan en un mundo sano. Nadie desea una situación como la de Bei Jing, China, donde a lo largo del último mes se han sucedido varias alertas rojas debido a la contaminación ambiental. No es el futuro, es el ahora. Nos toca hacer todo lo posible para evitar que el calentamiento global destruya nuestro planeta. Por eso es muy importante hablar de la lactancia materna como factor que contribuye a reducir el calentamiento global en cada conferencia sobre el cambio climático, como la que ha tenido lugar en París.

Espero que, por fin, nos tomemos en serio el calentamiento global y trabajemos para frenarlo.


Sobre Jack Newman
Jack Newman se graduó en la Universidad de Toronto en pediatría en 1970. Creó la primera clínica de lactancia en Canadá en 1984 en el Hospital para Niños Enfermos de Toronto. Ha sido un consultor de UNICEF para la Iniciativa de los Hospitales Amigos de los Niños en África, y ha publicado artículos sobre lactancia en revistas como Scientific American. El Dr. Newman ha practicado la medicina en Canadá, Nueva Zelanda y Sudáfrica.

Documentos de Jack Newman publicados en Crianza Natural

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