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Mantente cerca de tu hija preadolescente

Publicado el miércoles, 06 de febrero de 2019. Revisado el miércoles, 06 de febrero de 2019.
Autor: Laura Markham
Tiempo medio de lectura: 12 minutos y 49 segundos

Los padres me preguntan con frecuencia cómo llevarse bien con su, de repente, inestable hija preadolescente. Resulta cuanto menos sorprendente que tu dulce niña pequeña comience de nuevo con las rabietas. Las niñas de doce años pueden ser caprichosas, tender a sobredimensionar, centrarse exclusivamente en los amigos, y ser egocéntricas, poco comunicativas, bordes, retrógradas y condescendientes con los padres. Por supuesto, también pueden ser maduras, cariñosas y adorables, pero en el peor de los casos son un cruce entre los aspectos más desafiantes de los niños pequeños y de los adolescentes.

La mala noticia es que el cuerpo en desarrollo de tu preadolescente está inundado por hormonas, su cerebro se está reconfigurando, su necesidad de descubrirse a sí misma y su lugar en el mundo prevalecen sobre las otras cosas que valora (como su familia y el colegio), y es probable que no pueda reconocer lo mucho que todavía te ama y te necesita, porque tiene un gran trabajo sintiéndose "adulta" e independiente. La buena noticia es que, si puedes aceptar esta nueva situación y ajustar la crianza en consecuencia, los años de la preadolescencia son el momento perfecto para fortalecer vuestra relación antes de que entre en la adolescencia.

Para esos días complicados, aquí recojo 16 consejos enfocados a que la crianza de los hijos sea menos dramática y ​​más placentera:

1. Disponte a cambiar.
No puedes maternar como lo hacías cuando ella era pequeña; simplemente no es ni apropiado ni eficaz. Si se muestra irritada, es señal de que necesitas ajustar tu estilo de crianza para favorecer el vínculo y escuchar más (lo que sucederá justo en esos momentos en que quieres que ella te escuche a ti, por supuesto).

2. Enfócate en la relación, no en la disciplina.
No recibirás respeto si ella no se siente vinculada contigo. Lucha como una vikinga para mantenerte cerca de tu hija. No permitas que te aleje. Ella aún te necesita, simplemente no puede reconocerlo. Aprovecha todas las oportunidades de conexión. Abrázala en cada buenos días, y abrázala cada vez que se despida cuando se vaya a clase. (Hazlo con sentido del humor y lo aceptará.) Salúdala con amor y un abrazo cuando la veas otra vez por la tarde. Puede que no "necesite" que la arropes por la noche, pero eso no debe impedir que te acuestes a su lado para hablar sobre su día y tener unos minutos de conexión tranquila. Muchos padres consideran que ese momento, justo antes de acostarse, es el momento en que su hija se distrae menos con otras cosas y está más dispuesta a abrir su corazón.

3. Lo suyo es que tu preadolescente desee más independencia.
Si insistes en controlar todas sus elecciones, estás invitando a la rebelión o a algo peor. Si puedes encontrar maneras apropiadas de darle independencia a tu hija, no tendrá que rebelarse contra ti para comenzar a autoafirmarse. Claro que cometerá errores. Así es como los humanos aprenden. Y, por supuesto, no estará preparada para tomar todas sus decisiones. Aún eres la madre. Decidir cuánto controlar es la parte más difícil de esta etapa de crianza.

4. Programa tiempo de calidad.
Crea citas regulares, al menos una vez a la semana, para ir a comer juntas o a la manicura o a pasear, y aprovecha al máximo estas oportunidades para crear vínculo. Hay muchas ideas sobre las qué conversar, aunque no siempre debes tener conversaciones profundas. Simplemente valórala y disfruta de ella. Y escucha, escucha, escucha. Recuerda que, cuanto más le aconsejes, más sentirá que desconfías en su capacidad para resolver las cosas por ella misma. En vez de eso, haz buenas preguntas y muestra empatía.

5. Cultiva la empatía hacia tu hija.
Mientras la escuchas, recuérdate que algo fastidioso y puntual puede no parecerte un gran problema, pero que para ella es el fin del mundo. Que tu cuerpo comience a cambiar tan bruscamente es preocupante en el mejor de los casos y doloroso en el peor, como ocurre con los dolores de crecimiento y los cólicos menstruales. Esto quiere decir que, cuando ella sobredramatice, debes ofrecer empatía. Que se haya dado un golpe en el dedo del pie puede que no justifique montar un pollo, pero le duele, y quiere que le des un beso y hagas sentir mejor, incluso si no está del todo segura de qué le molesta y cómo expresarlo con palabras.

6. Ten en cuenta que las chicas preadolescentes suelen acoger la adolescencia con gran ansiedad.
Un estudio mostró que los chicos preadolescentes esperaban la adolescencia y el desarrollo que les supondría en cuestión de fuerza, poder, independencia y prestigio. Las chicas preadolescentes, por su parte, temían la adolescencia, la menstruación, su nueva vulnerabilidad ante los hombres y la presión para ser sexys y atractivas. La mayoría de las chicas no saben cómo poner palabras a estas preocupaciones, pero las sienten, incluso cuando piden usar ropa diminuta para "molar". Tu hija puede querer resultar un bombón para impresionar a los chicos, pero en el fondo sabe muy bien que no está preparada para esa atención que atraerá.

7. Asegúrate de que tu hija duerma nueve horas como mínimo.
A la mayoría de los preadolescentes les empieza a costar más dormir por la noche. Pero cuando los niños se quedan despiertos hasta tarde, sus hormonas del estrés, como el cortisol, entran en acción, lo que hace que sea más difícil conciliar el sueño. El problema es que el cortisol permanece en el sistema y los mantiene nerviosos al día siguiente; también contribuye a la depresión, la ansiedad y el aumento de peso. El famoso malhumor de los adolescentes se debe en parte a acostarse tarde, algo que en nuestra cultura se ha convertido en una práctica normalizada. El hecho de que tu niño pequeño tenga la capacidad de mantenerse despierto no significa que le permitas quedarse despierto la mitad de la noche. El hecho de que tu preadolescente y tu adolescente aumenten esa capacidad de mantenerse despiertos no significa que no sea malo para ellos. Puedes enseñarle a tu preadolescente ejercicios de relajación si le cuesta conciliar el sueño, que le serán útiles el resto de su vida. Pero insiste en acostarse a una hora razonable.

¿Qué dice la investigación sobre el reloj corporal para trasnochar de los adolescentes?. Los investigadores no tuvieron en cuenta el uso de la pantalla. Cuando los humanos usamos luz azul (móviles, ipads, ordenadores, televisión) una o dos horas antes de acostarnos, se suprime la melatonina y nos mantenemos despiertos. Por tanto, nos dormimos más tarde, y los jóvenes necesitan dormir más que los adultos. Apuesto a que tan pronto como dejen de usar pantallas en esos experimentos, los niños coincidirán con el mismo reloj corporal que otros humanos. ¿Por qué habrían evolucionado de manera diferente que el resto de nosotros?

8. Limita el uso del ordenador.
A medida que las chicas comienzan a perder interés por el juego simbólico y los otros juegos que ocuparon sus años anteriores, muchas empiezan a pasar más tiempo en el ordenador, y no es raro que caigan en las garras de la adicción. Como primer paso, te interesará limitar el tiempo de chateo con los amigos y las horas en el ordenador después de terminar los deberes.

El atractivo de las redes sociales puede ser fuerte, especialmente si otros niños están en ellas. Facebook tiene una regla según la cual los usuarios deben tener al menos 13 años de edad, por lo que hacerse una cuenta de Facebook cuando eres menor de 13 años requiere mentir, lo cual es motivo suficiente para que los padres no dejen. (Esta es una de las pocas ocasiones en que la cultura apoyará tu crianza, así que aprovéchala). Familiarizarse con la cultura tecnológica de tu hija y sus amigos es una buena idea.

También debes saber que los fabricantes de juegos de ordenador no escatiman en gastos y emplean estrategias muy sofisticadas para asegurarse de que sus juegos sean físicamente adictivos, lo que significa que el cuerpo de tu hijo se baña en adrenalina y otros neurotransmisores en cuanto piensa en jugar con ellos. Los juegos de ordenador modifican la química de nuestro cerebro mientras estamos jugando, y no sabemos cuánto duran los efectos después. No exponemos a nuestros hijos a otras adicciones y aquí los dejamos a su suerte. Los niños también necesitan nuestra ayuda para gestionar esta adicción.

9. Cultiva las pasiones de tu hija.
Todo lo que sea realmente importante para ella y a lo que pueda entregarse actúa como protección, algo donde sentirse competente, algo donde esforzarse y aprender a ser resiliente, algo en lo que refugiarse cuando la suerte venga de malas. ¿Le gusta bailar? ¿Escribir? ¿Dibujar? Haz todo lo que puedas para animarla a ello. Es fundamental que sea algo que le atraiga, obviamente, pero sin presión de los padres.

10. No permitas que tu hija se vuelva sedentaria.
Hacer ejercicio regularmente tiene enormes beneficios, desde movilizar el metabolismo hasta equilibrar las hormonas y ayudar a conciliar el sueño fácilmente. Haz un hábito de la actividad física diaria, ya sea una ruta en bicicleta, un partido de fútbol, ​​un paseo familiar o andar en la cinta. Pero ten en cuenta que probablemente tengas que unirte. En lugar de fastidiarte, tómatelo como una forma de conexión.

11. Habla sobre las relaciones y el sexo.
Tu hija está hambrienta de información sobre el amor y el sexo. Hablar de ello no provocará que salga corriendo a hacerlo. De hecho, es justo al contrario. Los niños que carecen de conexiones robustas con sus padres son los que buscan el amor en todos los lugares equivocados. ¿Quieres que tu hija se sienta bien con su cuerpo para que no busque autoafirmarse mediante opciones que la avergonzarán en el futuro? La mejor manera de prevenir eso es que entienda que estos escenarios se producen en la vida real, de forma que pueda salir de cualquier situación dramática antes de que sea demasiado tarde.

12. No te lleves a lo personal nada de lo que diga o haga.
Las preadolescentes y las adolescentes son célebres por sentir que sus padres "¡no me comprenden!" Trata de no sentirte herida por eso. De hecho, trata de no sentirte herida por nada de lo que hace o dice. La mayor parte no tiene nada que ver contigo, sino con sus hormonas y emociones abruptas, sus enormes temores e inseguridades, su necesidad urgente de dar forma a una identidad como persona autónoma e independiente. Así que respira durante el "berrinche" y muérdete la lengua. Si saltas, la alejas.

13. Insiste en ser educada, pero desde la mayor calma posible
...y no reacciones de manera exagerada cuando tu niña te levante la voz en medio de la bronca. Te estará profundamente agradecida, incluso si no puede reconocerlo en ese momento. No sugiero en absoluto que permitas que tu hija te falte al respeto. Sugiero que actúes desde el amor y te conectes empáticamente, en vez de desde la rabia, cuando estableces límites. Si estás demasiado enfadada como para actuar desde el amor, espera siempre a poder hacerlo antes de establecer límites. Esto significa mantener un tono tranquilo y cálido, incluso cuando ella no lo hace. Significa que cuando se pone impertinente, educadamente le recuerdas que “En esta casa no hablamos así", pero luego asegúrate de añadir "Debes estar muy enfadada para hablarme de esa manera. ¿Qué está pasando, cariño?” Recuerda que, si no das ejemplo de autocontrol, no puedes esperarlo de ella y, lo que es peor, perderás su respeto. Si puedes mantener la calma y “hacerlo para comprenderlo" (como diría Stephen Covey), la disputa acabará sintiéndose más cerca de ti, y será menos probable que ataque la próxima vez.

14. Recuerda que los niños de esta edad tienen sentimientos desbordantes que necesitan gestionar con ayuda.
Si puedes mantener la calma y captar lo que sucede bajo su malestar, puedes usarlo como una oportunidad para el acercamiento. Podrías responderle gritando e insistiendo enfadada en tener respeto, pero alejarías a tu hija. Como no saben qué hacer con sus sentimientos desbordantes, los preadolescentes y adolescentes suelen arremeter con frecuencia contra las personas con las que se sienten más seguros: sus padres. Si nos distraemos por su falta de respeto o reaccionamos con ira, perderemos el mensaje real. Si podemos sentir empatía, buscar el malestar bajo la falta de respeto y recordarles quiénes son en realidad ("No sueles ser cruel"), crearemos una oportunidad para ayudarlos a gestionar sus sentimientos.

15. No dejes de estar cerca físicamente.
El cuerpo de tu hija preadolescente se está convirtiéndose en el de una mujer, pero ella sigue siendo tu niña, y todavía necesita tu cercanía física. Si te sientes incómoda al abrazarla, observa tu propia ansiedad y busca un lugar apropiado para hablar sobre ello y resolverlo. Pero no le niegues a tu hija la caricia que todos los humanos necesitan. No quieres que busque amor en los lugares equivocados.

16. Curso correcto.
Nadie tiene padres perfectos. Descubrí que una vez a la semana le decía todo lo incorrecto a mi hija de 12 años, y que me echaba en cara cualquier cosa que le molestara. Pero como estaba comprometida con la calma, en lugar de intensificar la situación, pude utilizar esos errores y malentendidos como oportunidades para acercarme. A los 14, ella estaba más tranquila que yo, y era una delicia de crianza.

Tenemos que recordar que es como ponernos primero nuestra propia máscara de oxígeno. Tenemos que regular nuestras propias emociones, porque ellas no tienen la madurez para hacerlo. Confían en que nos comportemos como adultos y demos ejemplo de autogestión emocional. Si, en cambio, nos marchamos enfadados, nuestras hijas se sienten heridas, incomprendidas, alienadas. Nos atacan o se resienten y desconfían. La relación se agrieta y, si no actuamos rápidamente, va a peor. Pero si, en su lugar, podemos apoyar, respirar, pedir disculpas, prestar atención y reconectarnos, construimos puentes. Las inevitables rupturas de la vida diaria se convierten en oportunidades para enseñarles numerosas lecciones: cómo procesar sus emociones, cómo reparar una brecha emocional, cómo resolver problemas, que pueden confiar en nosotros. Y lo más importante, terminamos la interacción con una relación más fuerte.

Criar a los hijos es muy laborioso, y el trabajo emocional puede ser aún más difícil con preadolescentes y adolescentes. Puede parecer injusto que una tenga que hacer la mayor parte del trabajo en su relación con su hija, pero eso es lo que sucede en la crianza de los hijos. Nuestras hijas pueden parecerse a mujeres jóvenes, pero tienen mucho que crecer emocionalmente. Es nuestro trabajo, y nuestro privilegio, apoyarlas en ese proceso. Cada relación que establezca después tendrá ecos de la relación que tiene contigo ahora.

Artículo original: http://www.ahaparenting.com/ages-stages/tweens/staying-close


Sobre Laura Markham
La Dra. Laura Markham es Psicóloga Clínica por la Universidad de Columbia y madre de dos hijos. Es la editora del portal AhaParenting.com y colaboradora habitual de otros sitios web sobre crianza.

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