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7 mitos tras la defensa de los métodos de adiestramiento del sueño infantil

Publicado el jueves, 12 de septiembre de 2019. Revisado el miércoles, 27 de mayo de 2020.
Autor: Darcia Narvaez
Tiempo medio de lectura: 9 minutos y 24 segundos

La ignorancia sobre las necesidades del bebé alimenta el maltrato de los adultos hacia ellos, con repercusiones en su salud y bienestar, capacidades sociales y morales a largo plazo. Tal ignorancia conduce a mitos que los adultos creen y aplican, en parte porque carecen de experiencia y se les ha enseñado a no seguir sus instintos. Ignorar las necesidades del bebé perpetúa el ciclo, porque los bebés se convierten en adultos que no tienen emociones e instintos bien formados que guíen su comportamiento. Deben confiar en los expertos para "saber" cualquier cosa. Y gran parte de ese conocimiento es imprudente, insignificante y está basado en estudios mal interpretados.

¿Cuáles son los mitos tras el adiestramiento del sueño usando el método de dejar llorar al bebé, conocido como cry-it-out (extinción total, extinción no modificada) o llanto controlado (extinción gradual) para que los bebés (de 0 a 2 años de edad aproximadamente) duerman solos? Aquí se explican varios.

Mito 1: Aislar a los bebés no es dañino para ellos.

Esta es la idea de que, si no lo miras, no pasa nada. Al contrario. Los mamíferos bebés, como los humanos, están diseñados para estar físicamente juntos o cerca de sus cuidadores las 24 horas, los 7 días de la semana, hasta que decidan alejarse. Los bebés tienen muchas necesidades.

Hay muchos estudios (y observaciones) en animales sobre las necesidades de los bebés mamíferos en cuanto a la presencia de los padres. (Y recuerda que los bebés humanos necesitan mucho más que las ratas o ratones). Por ejemplo, Hofer (1987, 1994) examinó la regulación fisiológica en bebés de rata, que son mucho menos sociales que los humanos, y demostró que la separación de la madre causa alteraciones en múltiples sistemas fisiológicos como la respiración, la frecuencia cardíaca y las hormonas. Schanberg (1994) demostró que el crecimiento se ralentiza cuando los bebés de rata son separados de la madre. En los seres humanos, no podemos hacer experimentos, pero podemos ver los efectos del abandono extremo en los cerebros de los niños: el cerebro ralentiza el crecimiento de sus redes y vías de comunicación programadas para desarrollarse en esa etapa concreta.

En comparación con las ratas, los humanos tienen mucho más cerebro que desarrollar. En el momento del nacimiento (a término), los humanos tienen el cerebro al 75% de su crecimiento (¡que será del 90% a los 5 años!) (Trevathan, 2011). Los estudios en animales nos dan solo una pista de cómo la experiencia temprana puede afectar el desarrollo: la forma en que los bebés humanos son tratados por sus cuidadores tiene incluso más efectos sobre ellos que sobre cualquier otro animal, porque nacen muy inmaduros.

En EEUU y otros países avanzados donde los bebés son aislados y angustiados de forma rutinaria los problemas de salud mental son masivos. ¡Incluso hay especialistas en depresión infantil!. Los bebés pueden deprimirse cuando están físicamente alejados de sus cuidadores (no sostenidos). Los malos hábitos de sueño y alimentación y la falta de capacidad de expresión pueden ser signos de depresión. El adiestramiento del sueño para obligarlos a dormir solo puede conseguir empeorar la depresión.

Mito 2: Exponer a los bebés a una situación angustiosa no es perjudicial para ellos.

El estrés prolongado destruye los tejidos de los mamíferos, afectando a la función de los órganos y la salud (Kumar y colaboradores, 2013). El aislamiento es angustiante para los bebés rata y tiene todo tipo de efectos nocivos, como desorganizar los sistemas de respuesta al estrés y socavar la expresión de los genes que controlan la ansiedad (McEwen, 2003; Meaney, 2001). Los efectos son mucho mayores en humanos. Dejar a los bebés llorar sin consuelo es muy angustioso y tóxico a nivel físico y psicológico.

Imagina que estás sufriendo un ataque de pánico extremo, pero tu mejor amigo te encierra en una habitación a solas y te dice: "No importa, vas a estar bien". ¿Cómo afectaría eso en tu relación de confianza con ese amigo? La relación cambiaría para siempre. Los bebés, por supuesto, no entienden nada de esto, pero sienten pánico profundo y se bloquean cuando el estrés es prolongado.

Es cierto que la mayoría de los estudios de investigación examinan casos extremos de abuso o abandono. ¿Por qué? Porque:

  • El daño por el abandono extremo o abuso ya se ha producido y se puede comparar con un grupo de control de humanos ilesos. (En otras palabras, no es ético realizar este tipo de experimentos).
  • Debido a que no podemos realizar experimentos continuados de abandono, no podemos ver cómo se ve afectado el desarrollo del cerebro en puntos críticos de maduración de forma particular.
  • Los instrumentos de medición actuales no pueden proporcionar datos detallados, ya que aún sabemos muy poco sobre la función cerebral.
  • La mayoría de los estudios sobre el cerebro no determinan cuán normales son realmente los cerebros que se estudian (¿cómo se desarrollaron?) por lo que no tenemos una referencia de desarrollo óptimo para comparar. La comparación de los "cerebros normales" de hoy en día con los cerebros abusados o descuidados es poco probable que pruebe la optimalidad versus la suboptimalidad. Más bien, lo que se hace es analizar diferentes tipos de suboptimalidad (ya que actualmente a muy pocos bebés y niños pequeños se les proporciona lo que necesitan).

Mito 3: El bebé no necesita estar con un cuidador por la noche.

Los bebés necesitan a los adultos para aprender a autorregularse mediante la presencia de cuidadores. Punto. Dejar solo a un bebé pequeño puede alterar su desarrollo, poco o mucho, dependiendo de muchos factores. Sin la presencia de adultos, puede que los sistemas autorreguladores del bebé no se desarrollen adecuadamente y es probable que se vean perjudicados. La investigación del Dr. James McKenna demuestra la importancia de la presencia del cuidador para la autorregulación del bebé.

Mito 4: Hay que enseñar a los bebés a ser independientes.

Se necesitan varios meses para que los cerebros de los bebés lleguen a comprender que cuando un objeto está fuera de vista, aún existe. (Es lo que se conoce como permanencia del objeto). Piénsalo. Cuando los padres no están presentes, el bebé no siente que puedan estar cerca. Para ese bebé, se han ido fuera de la vista y de toda percepción. Los bebés pequeños no perciben a nadie a menos que detecten a una persona justo ahí. Por tanto, cuando se deja solo a un bebé, es normal que experimente una reacción de estrés grave con una reacción de lucha y huida. Pero los bebés no pueden moverse, por lo que están atrapados; no pueden acudir a los padres en busca de ayuda (cosa que harían si pudieran, como sabemos).

Si esta reacción activa se prolonga, el cuerpo del bebé tiene que cambiar a un modo de autoconservación. Cambia a una reacción de paralización tenue que hace que su cuerpo se ralentice para preservar su vida, aminorando el uso de energía y frenando el crecimiento. El bebé parecerá catatónico. Extraña lógica adulta si se piensa que esto es bueno para el bebé. Muchas veces esta experiencia tendrá un efecto sobre la confianza y la salud (y la moralidad).

Mito 5: Los buenos bebés duermen toda la noche.

Nadie, ni siquiera los adultos, duerme toda la noche (Bonnett & Arand, 2007). A menudo, los adultos no se dan cuenta de que se despiertan periódicamente durante toda la noche. Simplemente tienden a no entrar en pánico, a diferencia de lo que haría un bebé, que necesita y espera que sus cuidadores estén cerca.

Los bebés crecen rápidamente, miles de sinapsis se crean cada segundo. ¿Por qué querríamos interferir con este desarrollo programado? Los bebés requieren apoyo, como un útero externo, para desarrollarse hasta los 9-18 meses de edad, cuando comienzan a parecerse a los recién nacidos de otros animales. Cuando los bebés se despiertan, necesitan sentirse seguros para continuar desarrollándose. Si entran en un estado de pánico, ralentizan el desarrollo y aumentan la desconfianza en sus propias necesidades y en la naturaleza solidaria del mundo. Piensa en cómo esto socava la inteligencia emocional.

Mito 6: Cuando los bebés paran de llorar, están bien.

Wendy Middlemiss y colaboradores (2012) demostraron que los bebés no están "bien" cuando paran de llorar (aunque los padres se sientan bien). Un bebé aprende a no expresar sus necesidades si los cuidadores las ignoran. Algunos podrían pensar que esto es bueno (¡no me molestes, bebé!), pero realmente no lo es, a menos que pretendas criar a una persona con habilidades sociales, motivación social y autoconocimiento limitados.

Al igual que el aislamiento, el llanto de los bebés socava el crecimiento y el desarrollo porque provoca estrés tóxico para los sistemas cerebrales, corporales y psicológicos.

Mito 7: Los estudios sobre adiestramiento del sueño pueden aportar información sobre los efectos a largo plazo en el bienestar de los niños.

La mayoría de las investigaciones sobre el adiestramiento del sueño estudian si una intervención es efectiva para lograr que el bebé deje de llorar, de modo que los padres duerman más. Generalmente, estas investigaciones no estudian los efectos sobre el desarrollo y el bienestar del bebé. Los estudios suelen usar un estándar de "intención de tratar", en el que incluso no se supervisa lo que hace el grupo de control. Por tanto, no hay forma de medir de manera fiable lo que realmente ha experimentado un bebé. En consecuencia, incluso cuando miden el resultado de un niño, no son fiables.

Conclusión para los bebés: Los bebés han evolucionado de forma que necesitan una exterogestación hasta, por lo menos, los 9 meses (debido a su inmadurez en el momento del nacimiento y al rápido crecimiento epigenético posterior). Esperan la presencia constante de un cuidador. No deberían angustiarse mientras el cerebro está experimentando ese rápido desarrollo o pueden surgir secuelas a largo plazo.

Conclusión para los padres: Los bebés necesitan la presencia constante de los cuidadores. Lo mejor es que los padres encuentren una manera de remodelar sus vidas en torno a esta necesidad. Si los padres "modifican" al bebé para que no los necesite, lo dañan.

Conclusión para los investigadores y el personal médico: Toma en serio el punto de partida de un bebé mamífero y emplea un principio de precaución. No hagas recomendaciones en contra de las conductas de 30 millones de años de antigüedad, a menos que cuentes con análisis longitudinales de alta calidad (10-60 años) y múltiples variables de bienestar significativas. De no ser así, ayuda a los padres y a la sociedad a encontrar maneras de satisfacer las necesidades de los bebés (así como las de los propios padres).


Sobre Darcia Narvaez
Darcia Narvaez es profesora de Psicología en la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos). Ha publicado numerosos libros y está especializada en cómo las experiencias tempranas afectan al desarrollo.

Documentos de Darcia Narvaez publicados en Crianza Natural

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