Si aún no lo has hecho, suscríbete a nuestra web

Teléfonos de contacto:
936 452 369
649 413 479
Formulario de contacto

La necesidad de desmitificar la maternidad

Publicado el jueves, 05 de diciembre de 2019. Revisado el miércoles, 27 de mayo de 2020.
Autor: Tamara Moreno
Tiempo medio de lectura: 6 minutos y 29 segundos

Parece mentira que, en el siglo en que vivimos con tantos avances tecnológicos, en educación, en salud y un largo etcétera, lo poco que hemos avanzado en cuestiones de maternidad y emociones.

Una vez leí que la maternidad y paternidad son el único curso en que primero te dan el título y luego accedes a los manuales. Es cierto. Nadie nos enseña a ser padres ni madres, pero a la vez, la sociedad impone determinadas normas “no escritas” sobre cómo “deben” ser los padres y, especialmente, las madres. La mujer del siglo XXI debe triunfar en lo laboral y también en lo maternal, pero ¿son estas dos facetas compatibles? Desde luego, con el panorama social que tenemos, donde la conciliación es un bonito sueño inalcanzable y la presión con la que se vive la maternidad es brutal, todo parece indicar que no.

La presión de la mujer en su papel de madre, comienza antes de estar embarazada, siquiera con comentarios del tipo “venga que se te pasa el arroz” o “¿no querrás ser una madre que parezca una abuela?”. Con el embarazo desembarcamos en “el mundo ideal de los bebés”, con todas las promesas de lo estupendo que será ser madre y lo fácil que resulta la crianza… Finalmente, y para rematar, tras el parto llegan los miles de consejos que nunca se pidieron. La novedad ante lo que nos enfrentamos, unida a la inseguridad que se genera y a las constantes exigencias de la sociedad, conforman un escenario ideal para vivir la maternidad como una experiencia estresante, mitificada y frustrante. Este hecho lo corroboran datos de la OMS, que estiman que 1 de cada 6 mujeres sufre una depresión postparto o, en un ejemplo más cercano, datos de España donde la tasa de incidencia se sitúa entre un 10 y un 15% de las mujeres tras el parto o en el año posterior. Son cifras elevadas que reflejan que una gran cantidad de mujeres sufren en el postparto.

Es cierto que el modo en que cada mujer se enfrenta a su maternidad depende de varios factores económicos, laborales…, pero hay tres en concreto que tienen especial relevancia: la actitud, el factor emocional y el social. El primero, porque afrontarla con una actitud positiva y proactiva es fundamental y, salvo circunstancias con dificultades especiales, suele ser la actitud por excelencia. El segundo, el factor emocional, varía mucho ya que el embarazo y especialmente el postparto son momentos de extrema vulnerabilidad emocional para la mujer. La bajada abrupta de estrógenos tras el parto y tras nueves meses de fluctuaciones suele ser un caldo de cultivo perfecto para la desestabilización emocional; además de todo lo que supone psicológicamente comenzar a criar a un bebé. Y, por último, está el factor social que, a día de hoy, hace un flaco favor para construirnos una visión un poco más realista de la maternidad.

“Sí, tiene muchas exigencias, pero… ¡y lo bonito que es ser madre!

“Claro, cansa mucho y hay malos momentos… pero al final siempre compensa”

Pues hay veces que ni es tan bonito como lo pintan ni compensa siempre y a toda costa, pero hay que tener mucho valor para reconocer esto y decirlo. Sigue siendo un tema tabú; no se puede decir muy alto que los primeros meses son una tortura por la privación de sueño y descanso, en el mejor de los casos, porque hay padres que pasan años sin poder descansar dignamente. Tampoco que habrá momentos en lo que deseemos tirar la toalla y nos replanteemos lo que hemos hecho, momentos fugaces de arrepentimiento cuando llevas dos días sin poder ducharte y tienes los pezones en carne viva porque la lactancia no está yendo nada bien. Que luego se pasan, porque estamos programados para sobrevivir y nuestro cerebro nos encamina a ello, pero ¡haberlos… haylos!

Para contribuir a que la maternidad no se idealice y que cada mujer pueda experimentarla, imaginarla y vivirla como realmente quiera, pero teniendo también información no tergiversada, la sociedad podría empezar por eliminar algunos de los mitos en referencia a la maternidad.

  • Certezas sobre cómo se “debe” comportar un bebé (comer y dormir, dormir toda la noche…). Los bebés humanos nacen con un alto grado de inmadurez. No pueden hacer nada por sí solos más allá del reflejo de succión (y no siempre está presente desde el inicio), el reflejo de toser y la capacidad de respirar. Con este panorama resulta bastante llamativo que se nos dé la imagen de que solo pueden comer y dormir; de hecho, la mayoría duerme en ciclos de 20 minutos porque aún no se ha instaurado el sueño profundo. Es cierto que no hay que enseñar a dormir a los bebés, pero el ciclo del sueño va madurando hasta los 5 años, cuando ya se parecerá más al sueño del adulto. La lactancia es otro tema escabroso, porque no siempre resulta fácil; el bebé no se engancha a la primera y la leche tarda en subir… La necesidad de eliminar estas ideas radica en que no hay opción a cuestionarlas; es lo que tiene que ser y ya está. Y, si tu situación de recién estrenada maternidad no se adecúa a estos estándares, algo no estás haciendo bien…
  • Que podremos seguir con nuestra vida sin cambiar nada y retomarla lo antes posible. Por muy bien que nos organicemos, por mucha ayuda que tengamos, ni el postparto nos permite ser las mismas, ni estamos en disposición de hacerlo, porque, además, tampoco es sano desde una perspectiva psicológica. Todos necesitamos un tiempo de adaptación a los cambios. Sin embargo, en un intento interno por recuperar la seguridad y rutina que teníamos instaurada, por volver a nuestra zona de confort, tratamos de hacer como si nada hubiera pasado. Retomamos horarios y actividades de adultos para darnos de bruces con la realidad de tener un bebé, en que la prioridad pasa a ellos, a sus horarios y a sus necesidades. Con el tiempo todo va mejorando, pero no es cierto que nada en la rutina cambiará.
  • Que es un momento de plena felicidad. Por las razones biológicas que ya hemos comentado, esto es simplemente imposible. Si en circunstancias normales, sin embarazos ni bebés, no tenemos la capacidad de ser felices siempre y a todas horas, mucho menos cuando vivimos una situación altamente estresante. Culturalmente, tenemos bastante miedo a las emociones negativas, se nos enseña a ocultarlas, a no llorar en público y un largo etcétera. Sin embargo, las emociones son necesarias en todo su continuo, desde el polo más positivo al más negativo. Es más, yo añadiría que somos felices porque conocemos también la tristeza y las emociones se complementan. Si solo experimentáramos uno de sus polos, realmente no sentiríamos nada porque no tendríamos con qué comparar. No digo yo que el postparto sea todo emoción negativa, pero sí que hay mucho de eso y, en muchas ocasiones, aparece sin avisar y sin que aparentemente tenga sentido.

Son unos pequeños pasos hacia adelante para ayudar a todas esas madres que están perdidas en un mar de emociones y que puedan encontrar más apoyo en la sociedad. Cierto es que las nuevas formas de ver la maternidad de los últimos años van más en esta línea (la aparición de “tribus” que suplen a las extensas familias de antaño, grupos de ayuda a la lactancia y la crianza…), donde las madres podemos elegir cómo afrontar esta etapa de la vida, rodearnos de aquellos que nos aportan amor y ayuda, y poder disfrutar de una manera más libre la maternidad. Con el esfuerzo de todos, este viaje puede ser más bonito, relajado y enriquecedor.


Sobre Tamara Moreno
Tamara Moreno es psicóloga experta en terapia infantil. Dirige el centro 27 metas, dedicado a la terapia y la formación, y es madre de una niña. Puedes conocer mejor su trabajo visitando su blog “27 pensamientos”, que recoge diferentes artículos sobre maternidad, crecimiento personal y bienestar.

Documentos de Tamara Moreno publicados en Crianza Natural

Compártelo:

© 2003-2020. Crianza Natural, S.L. Todos los derechos reservados. Este documento no puede ser reproducido por ningún medio, total o parcialmente, sin autorización expresa de Crianza Natural, y, en su caso, de los autores y traductores.