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Quizá los niños tengan razón: los deberes son lo peor

Publicado el miércoles, 04 de septiembre de 2019. Revisado el miércoles, 04 de septiembre de 2019.
Autor: Alfie Kohn
Tiempo medio de lectura: 4 minutos y 4 segundos

Con el comienzo del nuevo curso, de nuevo los alumnos se revuelven impacientes en sus asientos, abriéndose camino a través de un montón interminable de páginas de trabajo.

Y después de eso vuelven a casa.

Un nuevo estudio confirma lo que los niños y los padres ya saben: la moda de lo "más estricto" de la educación estadounidense ha significado más y más deberes para niños cada vez más pequeños.

Hace varios años, nos enteramos de que la proporción de niños de 6 a 8 años que decían tener deberes en un día determinado había aumentado del 34% en 1981 al 58% en 1997, y que el tiempo semanal dedicado a estudiar aumentó más del doble durante el mismo periodo.

El mes pasado, la profesora Sandra Hofferth de la Universidad de Maryland publicó una actualización de ese estudio: la proporción de niños pequeños que decían tener deberes en un día específico aumentó al 64%, y la cantidad de tiempo que les dedicaban aumentó en otro tercio. Las tasas de deberes en niños de 6 a 8 años son prácticamente equivalentes a las de niños de 9 a 12 años. Y ni siquiera hablamos de la carga de trabajo en secundaria.

Lo que la investigación muestra sobre la creciente carga de deberes es desconcertante. Igualmente importante, sin embargo, es lo que la investigación no muestra, es decir, que los deberes sean necesarios o beneficiosos. Sabemos todo sobre el estrés y el agotamiento, el conflicto familiar y la pérdida de tiempo para otras actividades ("Nuestros hijos se están perdiendo su niñez", lamenta una madre). Pero nos decimos que todo esto vale la pena porque los deberes favorecen el éxito, enseñan independencia y buenos hábitos de trabajo, y ayudan a que los estudiantes sean mejores.

Curiosamente, sin embargo, no existen datos que apoyen estas creencias:

  • No hay evidencia de que los deberes proporcionen ningún beneficio en la escuela primaria. Incluso si consideras los resultados de los exámenes una prueba útil (que yo no), los deberes ni siquiera se correlacionan con notas más altas a esa edad. El único efecto que se muestra es una actitud más negativa en los alumnos que tienen más deberes.
  • En la escuela secundaria, algunos estudios encuentran una correlación entre los deberes y las notas de los exámenes, pero suele ser muy pequeña y tiende a desaparecer cuando se aplican controles estadísticos más sofisticados. Además, no hay evidencia de que una nota mayor sea consecuencia de los deberes, incluso cuando aparece una asociación.
  • Las comparaciones internacionales no ofrecen tranquilidad. Al describir los resultados de su análisis del rendimiento estudiantil en 50 países, publicado el año pasado, los investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania David Baker y Gerald Letendre dijeron: "No solo no encontramos ninguna relación positiva, sino que las correlaciones generales entre el promedio nacional del rendimiento estudiantil y los promedios nacionales en cantidad de deberes... son todas negativas."
  • Para acabar, ningún estudio ha respaldado la afirmación de que los deberes enseñan buenos hábitos de trabajo o desarrollan rasgos positivos en el carácter, como la autodisciplina y la independencia. Estas suposiciones podrían describirse como leyendas urbanas, excepto por el hecho de que aún se toman en serio incluso en áreas suburbanas y rurales.

En resumen, la investigación no ofrece ninguna razón para pensar que los estudiantes estarían en una especie de desventaja si les mandasen muchos menos deberes, o tal vez ninguno en absoluto. Y los testimonios que he escuchado por parte de maestros y escuelas que han abolido los deberes después de clase, pero cuyos estudiantes están teniendo gran éxito (mientras mantienen su entusiasmo por aprender), ofrecen otro tipo distinto de evidencia.

Sin embargo, estas escuelas son una minoría, por no decir otra cosa. Como regla general, se ponen deberes no solo en aquellas ocasiones en las que el maestro cree realmente que pueden ser de utilidad, sino que se ponen por un plan regular que se ha determinado con antelación. Y la cantidad de deberes para los niños más pequeños está creciendo cada vez más rápido, allí donde precisamente la evidencia que los apoya no solo es inestable, sino inexistente.

Es hora de que dejemos de dar por sentado el valor y la existencia de los deberes. En lugar de limitarnos a preguntas periféricas, como "¿Qué tipo de cuadernos deben tener los niños?" o "¿X minutos es tiempo suficiente para esta tarea?", deberíamos preguntarnos lo que realmente importa: ¿Vale la pena que nuestros hijos hagan este tipo de deberes en cualquier cantidad? ¿Cuál es la evidencia que respalda que los deberes diarios son necesarios para que los niños se conviertan en mejores pensadores o en estudiantes más entregados?

Y, ¿qué pasa si, después de pasar seis o siete horas al día en la escuela, les dejamos ocupar sus tardes y noches solo en ser niños?


Sobre Alfie Kohn
Alfie Kohn es un reputado escritor y conferenciante sobre temas del comportamiento humano, la educación y la crianza de los hijos. Es el autor de 14 libros y de numerosos artículos y ensayos, y ha sido reconocido como una de las personas más críticas del actual sistema escolar. Se puede contactar en www.alfiekohn.org.

Documentos de Alfie Kohn publicados en Crianza Natural

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