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No se trata solo de 'alimentar a tu bebé': Por qué es importante el discurso sobre lactancia materna

Publicado el miércoles, 18 de septiembre de 2019. Revisado el miércoles, 27 de mayo de 2020.
Autor: Tracy Cassels
Tiempo medio de lectura: 12 minutos y 48 segundos

La Semana Mundial de la Lactancia Materna ha llegado a su fin generando multitud de emociones a muchas personas, no todas positivas. Bajo la superficie hay quien, enfadado, se pregunta: “¿Por qué no puede ser simplemente "alimentar a tu bebé"?” Es decir, ¿qué necesidad hay de hacer ningún debate sobre lactancia materna? ¿Por qué tenemos que discutir sobre ciencia, ventajas, factores de salud y todas esas cosas que parecen amparar a quien quiera que los mencione? Permitidme dejar claro que no creo en avergonzar individualmente a los padres. Sin embargo, lo que suelo ver que se etiqueta como “humillación” o “juicio” está lejos de cualquier cosa que calificaría como tal en otro tema. Personas que comparten sus propias experiencias, personas que comparten artículos científicos, personas que hablan sobre sus propias elecciones: todos estos elementos son considerados “perjudiciales” e “incorrectos” por otros y, sin embargo, ninguno de ellos pertenecen a las circunstancias o elecciones de esos individuos. Dicho esto, el debate sigue siendo necesario. No podemos decir simplemente “alimenta a tu bebé” y se acabó, porque...

Existen implicaciones en cuanto a políticas de salud pública.

Por desgracia, en nuestra científicamente analfabeta sociedad, muchas personas reniegan de la literatura científica porque la leen como si fuera causal y absoluta cuando, en realidad, rara vez es causal y nunca absoluta. Cuando se trata de lactancia materna, existen gran cantidad de estudios que demuestran que no dar el pecho se asocia a consecuencias negativas para la salud. Los que se oponen a la causalidad suponen que hay otras variables (como el nivel socioeconómico) que influyen tanto en la lactancia como en la salud; sin embargo, hay muchos estudios que avalan fuertemente algún nivel de causalidad aunque existan factores moderadores. Sea como sea, a través del diálogo público ofrecemos a los padres la oportunidad de analizar el papel que juega en el desarrollo del niño la leche materna o la fórmula, para baremar los riesgos y beneficios que conlleva cada tipo de alimentación en su situación particular.

El mayor problema, en mi opinión, es la creencia que algunas personas tienen de que la ciencia se pronuncia en términos absolutos. Escucho a menudo, por ejemplo, que una madre ha dado fórmula y sus hijos están sanos; por lo tanto, no existe evidencia científica que relacione la fórmula con casos graves de ciertas afecciones. Permitidme dejarlo muy claro: la ciencia no habla en términos absolutos. La ciencia habla en términos de factores de riesgo o probabilidades. Lo que nos dice la investigación sobre la lactancia materna (cuando se considera en su conjunto) es que es más o menos probable que suceda y lo que suceda realmente estará influenciado por muchos otros factores adicionales, pero la lactancia no deja de ser uno de esos factores.

Cuando analizamos el papel de la lactancia materna en lo que respecta a la salud pública, no podemos evitar observar el panorama general y, por lo tanto, no queda más remedio que seguir hablando y promocionando la lactancia, incluso si no nos dirigimos a cada familia en particular. Los efectos del aumento del uso de la fórmula en la sociedad en general son considerables, incluso si no afectan específicamente a tu familia. Lo que las familias necesitan comprender es que su circunstancia específica tiene una influencia decisiva a la hora de sopesar lo que se dice desde la ciencia y los mensajes públicos que se intentan promocionar, observando el panorama general y el por qué estos mensajes son primordiales (pista: es una cuestión social, no individual). Y si lo observamos a nivel global, en vez de limitarnos a nuestro contexto occidental, aún reviste más importancia.

Tal vez sea una de las pocas formas de lograr otros cambios necesarios.

No conozco a mucha gente (lactivistas, defensores de la fórmula, madres, padres, etc.) que no crea que nuestra sociedad necesita un cambio en favor de las familias, máxime en Estados Unidos donde la baja por maternidad es casi inexistente y las empresas se oponen a los cambios que implementarían políticas más favorables a la familia. De hecho, muchas de las personas que piden el fin de los debates sobre la alimentación de los bebés, manifiestan su deseo de luchar unidos para lograr mejoras en las bajas por maternidad, para que las mujeres cuenten con apoyo en temas como la depresión posparto y para establecer políticas laborales que amparen a madres trabajadoras, suponiendo que la lactancia se puede excluir del diálogo sobre estos temas.

Nadie dice que no haya que luchar por estas cosas, todo lo contrario, ya que la mayoría de las lactivistas destacan por ser muy reivindicativas en cuanto a los cambios necesarios en estas áreas que guardan una estrecha relación con el éxito de la lactancia materna. Esto es parte del problema: abordar estos cambios implica abordar la lactancia materna y en ese debate se incluye la idea social de que no dar el pecho es una desventaja.

Algo tan bonito como decir que deberíamos tener la opción de hacer lo que queramos y trabajar donde queramos con las prestaciones que queremos, no es para nada realista en una sociedad como la actual estadounidense, donde a las empresas se les permite campar a sus anchas. El gobierno de Estados Unidos, tan ágil a la hora de zambullirse en los contextos familiares, se muestra muy reacio a intervenir sobre cualquier cosa que afecte a las empresas. Las peticiones de los empleados, sin importar lo razonables que sean desde el punto de vista familiar, no son algo sobre lo que se pueda ni se deba legislar. Algunas entidades tendrán posturas y políticas que vayan más en la línea de lo “favorable a la familia”, pero no todo el mundo puede trabajar en ellas y, por tanto, necesitamos forzar el cambio a algún nivel en aquellas empresas que no apoyan las iniciativas en favor de las familias.

Y en esta batalla es donde el discurso sobre la lactancia materna es determinante. Por ejemplo, las políticas sobre la baja por maternidad estarán influenciadas por los datos sobre por qué una determinada opción (por ejemplo, una baja remunerada más larga) es mejor que otra (por ejemplo, seis semanas no remuneradas). Aunque podemos hablar de los innumerables beneficios en cuanto al vínculo paternofilial, estos son, desde el punto de vista financiero, bastante abstractos y difíciles de calcular. No tenemos datos que sostengan un argumento económico, que es (tristemente) lo que parece interesar al gobierno. Sin embargo, tenemos un argumento económico en forma de lactancia materna, tanto para las madres como para los niños. Si afirmamos que no existen diferencias entre dar fórmula y dar leche materna, perdemos uno de los mejores argumentos disponibles para conseguir implementar las políticas que todos deseamos. Es decir, facilitamos que las empresas nos digan que es una “elección” nuestra y que no hay ningún interés a nivel gubernamental.

Por poner otro ejemplo, también sabemos que es necesario cambiar algunas cosas en lo que se refiere a la depresión posparto (DPP). El problema es que una de las variables con mayor efecto protector de la DPP es la lactancia materna, por lo que, si queremos hablar de qué recursos tenemos a la hora de ayudar a las mujeres, debemos hablar otra vez sobre lactancia materna y de cómo ayudar a las mujeres a alcanzar sus objetivos de lactancia, o incluso de cómo aumentar las tasas de lactancia materna, además de proporcionar otras formas de apoyo. (Se desconoce si la DPP es consecuencia de no dar el pecho o si lo que sucede es que la lactancia alivia los síntomas. Es probable que los efectos difieran según la mujer, su situación y salud mental previa, y que para algunas no sea un factor de influencia). La lactancia materna es parte integral en prácticamente todos los debates sobre salud y atención a las madres y, por lo tanto, debemos seguir hablando de lactancia y defendiéndola.

Mejora la fórmula.

De esto muchas personas se olvidan, debido a que el debate últimamente se ha centrado, erróneamente, entre madres que dan fórmula frente a madres que amamantan, en lugar de lo que es: cualidades de la fórmula frente cualidades de la leche materna. Solo es un matiz, pero sumamente importante. Pero permitidme retroceder un momento para decir que estoy segura de que hay personas que juzgan a otras por usar fórmula, del mismo modo que hay personas que son juzgadas por dar el pecho, especialmente después de cierta edad (¿a quién no le parece divertido que te acusen de estar abusando sexualmente de tu hijo pequeño por darle el pecho?). Que les den por ahí, de verdad. Aquí es donde “nadie debe hacerte sentir culpable” porque es verdad: si te sientes culpable, que sea por otra razón, no porque un idiota haya decidido malmeterse en tu crianza. (También es importante saber que la culpa, sea por el motivo que sea, no significa necesariamente que te arrepientas de tu elección o que creas que deberías haber hecho otra cosa. Puede que aparezca simplemente por el peso de la mochila de los desafortunados comentarios familiares, o por tu propia percepción de la situación, o por cualquier otra cosa. Sólo tú puedes determinar qué es lo que te está causando el malestar para aceptarlo o cambiar las cosas para sentirte mejor. La culpa es grave).

Volviendo a donde estábamos, la mayor parte de los análisis que he leído se centran en dos elementos: la leche materna y la de fórmula, valorando las ventajas de cada una, pero sin juzgar a los padres que dan una u otra. Así llegamos a una conclusión: la fórmula no es leche materna. No lo es. Tampoco proporciona al bebé las mismas cosas que la lactancia materna. Puedes ofenderte todo lo que quieras, pero es que no hay evidencia que sugiera nada más que esto. Sin embargo, la cuestión es que la fórmula puede resultar lo suficientemente buena y, dada la situación concreta de una persona, la diferencia puede ser insignificante para su caso, pero aún así no es leche materna.

Para los fabricantes de fórmula, replicar la leche materna es su estándar de oro y a lo que aspiran. Por eso, en cuanto sabemos algo nuevo sobre la composición de la leche materna (porque, en realidad, no lo sabemos todo y ni siquiera estamos cerca), los fabricantes encuentran la manera de agregarlo a su fórmula. Saben que deben aproximarse todo lo posible, ya que su producto no es el alimento “ideal” o “biológicamente normal” para los bebés. Si acabamos por aceptar la igualdad entre ambas, si dejamos de hablar sobre sus diferentes resultados en términos de salud, los fabricantes simplemente aceptarán el status quo y dejarán de invertir millones de dólares en mejorar sus productos. (Solo el hecho de que los fabricantes inviertan tal cantidad de dinero en intentar replicar la leche materna debería ser una clara señal de que la fórmula ofrece menos que la leche materna, pero al menos continúan mejorando lo que ofrecen).

Apoya a las madres.

Sé que algo muy importante de este debate es que la defensa de la lactancia materna solo apoya a algunas mamás y no a todas y que, si zanjamos todo este asunto de la lactancia materna, podríamos apoyar a todas. No es así. Aunque está claro que hay mujeres que empiezan sus crianzas sabiendo que van a alimentar a sus bebés exclusivamente con fórmula, esta no es una circunstancia común para muchas de las madres que usan fórmula. Si te paras a escuchar, descubrirás muchas historias sobre obstáculos sorteados, barreras encontradas, sentimientos heridos, sensación de decepción y mucho más.

Además de resaltar las implicaciones de salud asociadas a la alimentación infantil (especialmente a nivel de la población en general), la defensa de la lactancia materna pone en relieve los problemas que enfrentan las mujeres para alcanzar sus metas. Mi definición de apoyo pasa por escuchar y empatizar con sus historias, sin decirles lo que deben o no sentir, ayudarles a superarlo, y luego intentar asegurarse de que otras mujeres no tengan que sentir esas cosas. Si ponemos fin a estos debates, les decimos a las mujeres que sus sentimientos son incorrectos y que carecen de importancia (incluso si creemos que no hay necesidad de sentirse así), y dejamos de pelear por los obstáculos a los que se han tenido que enfrentar muchas mujeres. Todas estas medidas de “apoyo” surgen a menudo cuando hablamos sobre alimentación infantil e ignorar el tema no beneficia a ninguna mujer.

Quizás, lo que el debate pone de relieve no es la necesidad de acabar con el discurso y la defensa de la lactancia materna, sino más bien abrir un nuevo discurso para las mamás que alimentan con fórmula. A pesar de ser la mayoría, muchas se sienten claramente ignoradas, pero, por suerte para todas, ambos discursos no son mutuamente excluyentes. Podemos seguir hablando de lactancia materna y abogar por ella, al mismo tiempo que tendemos puentes para quienes sienten culpa, tristeza o pérdida debido a una relación lactante fallida y creamos vías para quienes exploran cuestiones relacionadas con la alimentación con fórmula, como pueden ser los tipos de biberones, la ética de los fabricantes de fórmula, qué marcas comprar, las reacciones de los bebés según la marca, el papel de la leche donada como sustituta de la fórmula y muchas cosas más. Ninguna de estas cosas tiene por qué silenciar el discurso de otras.

Sé que algunas personas se acogerán al código de la OMS como cierre a las discusiones o al apoyo a las familias que alimentan con fórmula, pero permitidme ser muy clara: eso no es así. Estoy trabajando en un artículo que aborda precisamente ese tema, así que no voy a entrar ahora en detalles, pero permitidme aclarar que el código de la OMS no tratar de las redes de apoyo ni del intercambio de información con profesionales médicos o padres; trata del márketing. Cualquiera que piense que es una entidad la que ofrece el “apoyo” necesario a las mamás que dan fórmula está equivocado, francamente. La misma entidad que trata de obtener un beneficio de ti, simplemente no puede ofrecer un verdadero apoyo en términos de información, disponibilidad de opciones y valoración de lo que más conviene a tu familia, pero muchas otras personas sí pueden y deben hacerlo.

***

La defensa de la lactancia materna, los relatos sobre la lactancia materna, la ciencia de la lactancia materna, en resumen, todo el discurso sobre la lactancia materna es necesario. Desde la perspectiva de la salud pública hasta las historias personales de mujeres que intentan lograr algo que desean, los debates, artículos y eventos como la Semana Mundial de la Lactancia Materna son apropiados. Deben continuar. Si el discurso no te afecta, ignóralo. Si estás enfadada y tu discurso es otro, ábrelo. Pero, por favor, no intentes silenciar los debates que a diario son de ayuda para las mujeres que intentan lograr algo importante para ellas y para sus bebés, y no lo haremos tampoco con tus debates sobre el mismo fin.


Sobre Tracy Cassels
Tracy Cassels es la autora principal de Evolutionary Parenting. Se licenció en Ciencias Cognitivas en la Universidad de Berkeley, California, ha realizado un master en Psicología Clínica en la Universidad de British Columbia y actualmente está trabajando en un Doctorado en Psicología del Desarrollo también en la Universidad de British Columbia, en el que está estudiando como ciertos factores evolutivos afectan al comportamiento empático de los niños.

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