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El obsesivo y peligroso juego de los intervalos entre tomas

Publicado el viernes, 13 de septiembre de 2019. Revisado el miércoles, 27 de mayo de 2020.
Autor: Emma Pickett
Tiempo medio de lectura: 11 minutos y 23 segundos

No sé cómo ni cuándo se les empezó a decir a las las madres recientes que el intervalo entre que un bebé deja de mamar y vuelve a necesitar mamar es algo muy importante a considerar. Y que aplica las 24 horas del día.

Es algo tan importante que da igual la razón o la lógica. La cifra mágica (90 minutos, 2 horas, 3 horas) es sagrada.

Y es una mierda.

Mamá sentada en casa, relajada, con su precioso bebé. Suena un disco en el reproductor, hay una taza de té y charla con un amigo. La lactancia va bien. El aumento de peso va bien. El bebé está contento. Pero cuando el bebé muestra señales de hambre después de 40 minutos tras la toma, en lugar de la esperable hora y media, la madre se viene abajo y siente que algo va mal. “No lo estoy haciendo bien”. El bebé de su amiga “crece más”. Le asaltan las dudas.

Los adultos tomamos una taza de té, un vaso de agua, un dulce, un bocadillo. Cada uno atendemos a nuestras propias señales que varían dependiendo de la hora del día, la temperatura, nuestro estado anímico o nuestros niveles de energía. Muchos toman un vaso de agua al día y otros tantos una botella entera. No conozco a ningún adulto que mire el reloj y diga: “¡Ya solo me quedan 30 minutos hasta el próximo té o trago de agua!”. Y, sin embargo, esperamos que nuestros diminutos bebés se rijan por esta noción artificial del tiempo.

La semana pasada hablé con una madre reciente que estaba FELIZ con su rutina de alimentación, pero me preguntó si debería comenzar a estirar los intervalos entre tomas porque "eso es lo que se hace". Cuando le expliqué que no era necesario, se mostró más que feliz de poder seguir así.

¿De dónde surgen estas ideas? No provienen de ninguna persona con formación en lactancia materna, ni de clases prenatales con profesionales de la lactancia materna, ni de libros escritos por personas capacitadas para apoyar la lactancia materna. Vienen de libros superventas sobre bebés, de familiares y de amigos.

Parece que provienen de la ignorancia sobre la ciencia de la lactancia materna y sobre la producción de la leche materna. A menudo, surgen de ideas de mediados del siglo XX basadas en el protocolo de alimentación con fórmula y de la pseudociencia. Y eso es terriblemente peligroso.

Aún hay por ahí personas, relacionadas de alguna manera con la lactancia materna, que creen que un bebé “tomará más leche” si espera 4 horas en vez de 3 para volver a comer. Hay personas que creen que hay que esperar y contener al bebé para que los pechos “se rellenen”. Hay personas que creen que cuando un bebé quiere pecho después de tan solo una hora desde la última toma existe algún tipo de problema, que quizá la madre tenga un problema de suministro.

Es aterrador y extremadamente frustrante que los mensajes básicos sobre cómo funciona la producción de leche no lleguen a las personas que los necesitan.

Entonces, ¿qué es lo normal? ¿Vas bien de tiempo? Porque lo normal son muchas cosas. Un recién nacido debe alimentarse un mínimo de 8 a 12 veces en 24 horas. Eso significa que algunos pueden querer pecho cada 3 horas y otros querrán tomar con mucha más frecuencia, como dos veces en una hora. Otros, por contra, querrán tomar 10 minutos cada 2 horas. Durante el día, un bebé pequeñito puede que quiera mamar a chupitos y sólo aguanta lejos del pecho unos pocos minutos. Este tipo de alimentación a chupitos es natural y predomina por la noche.

En la Línea de Ayuda Nacional es muy frecuente la siguiente consulta: “Mi bebé solía dormir por las noches y ahora se despierta durante 3-4 horas. Lo único que parece calmarlo es el pecho. Creo que no debo tener suficiente leche porque se tira un montón de tiempo. Seguro que no sale nada”. El bebé cambia de pecho a pecho, obtiene pequeñas cantidades de leche con un alto contenido en grasa y se relaja al final del día; sabe exactamente lo que está haciendo.

Y sus patrones volverán a cambiar más pronto que tarde. Algunos bebés comenzarán a espaciar las tomas durante el día a medida que pasen los meses. Pero NO todos lo harán.

Uno de los libros sobre bebés más vendidos (que mejor ni nombrarlo) asevera que, si bien la alimentación frecuente puede ser aceptable puntualmente durante los picos de crecimiento, esta vaca sagrada del intervalo entre tomas es muy importante. Un bebé de 3 meses podría pedir a intervalos de 3 horas, pero si no los aumenta a los 4 meses, entonces cuidadito. Esta misma escritora cree que una mujer puede medir su suministro de leche haciendo una prueba de producción mediante un extractor, asumiendo que la cantidad de leche extraída será equivalente a la que su bebé, mediante un proceso completamente distinto, extrae en una toma. Podría escribirse toda una enciclopedia con lo que esta mujer ignora sobre la lactancia materna.

Lo que encuentro particularmente peligroso en su mensaje de que alargar los intervalos es lo “mejor” y lo “correcto”, y que las madres recientes dudan de su suministro sin ninguna justificación. Y sé que el hecho de recibir continuamente mensajes como el de esta escritora hace que muchas madres terminen complementando con fórmula para intentar alcanzar esos tiempos mágicos.

¿Por qué?

Los bebés dejan de recibir lactancia materna exclusiva y los padres dejan de seguir las recomendaciones del Departamento de Salud debido a la información incorrecta difundida en un libro de cuidado infantil. Hay padres que optan por la fórmula debido a multitud de complejas razones. Algunos con alegría y otros con pena. Pero me parece trágico hacerlo porque has leído una mentira en un libro.

En los últimos 20 años, se ha producido una gran transformación en lo que sabemos sobre los pechos. Gran parte del trabajo se ha realizado en Australia, por parte de científicos pioneros como el Profesor Peter Hartmann y la Dra. Donna Geddes, Steven Daly y sus respectivos equipos. Antes creíamos que la mayoría de las mujeres tenían un número de conductos galactóforos bastante similar, pero los estudios mediante ultrasonidos revelaron que eran menos de los que pensábamos y que el rango era considerable. Una mujer tenía 4 conductos en el pezón, mientras que otra tenía 18.

Centrémonos en las evidencias sobre la capacidad de almacenamiento de los pechos. Cuando un bebé toma teta, parte de la leche se fabrica durante la propia toma y parte ha sido almacenada entre toma y toma. El ultrasonido evidenció que la capacidad de almacenamiento de una madre no puede deducirse del tamaño del pecho. Obviamente, el pecho no es solo glándula mamaria. El rango en la capacidad de almacenamiento del pecho fue enorme. Una madre podía almacenar unos 75 ml por pecho, mientras que otra mujer, más de medio litro. Estás leyendo bien.

Las mujeres con menor capacidad de almacenamiento tuvieron una buena producción de leche durante todo el día y sus bebés aumentaban de peso correctamente. Pero posiblemente sus bebés necesitasen mamar con más frecuencia para acceder a toda esta buena producción.

¿Tiene este tipo de madre un problema de abastecimiento?

No, no lo tiene.

Su bebé puede seguir mamando dos veces cada hora, o incluso con mayor frecuencia durante algunos meses, puede tomar a chupitos en momentos determinados y quizá despertarse hambrienta un par de veces por la noche. El bebé de su amiga puede llevar un patrón de alimentación con menos frecuencia en las tomas por cada 24 horas y es posible que el bebé de esta amiga al final esté tomando menos leche.

Cuando los pechos están más llenos, la producción de leche disminuye. Cuando los pechos están más vacíos, producimos más leche. Cuando los bebés maman frecuentemente de pechos más vacíos, reciben leche con un mayor contenido de grasa. Las tomas frecuentes son valiosas. Y como la leche humana tiene un contenido graso de aproximadamente el 3-5% en comparación con la de otras especies mamíferas cuya leche ronda el 40% de materia grasa, parece bastante claro que, como especie, estamos diseñados para alimentarnos con frecuencia.

Pero vamos a imaginar que la madre con menor capacidad de almacenamiento en sus pechos ha leído el libro ese de cuidados del bebé. Puede que se sienta angustiada si su bebé quiere mamar dos veces en una hora. Puede, incluso, que intente espaciar más las tomas bajo la creencia errónea de que así aumentará la ingesta de su bebé. Y, al hacerlo, sus pechos pasan más tiempo con el almacenamiento lleno y el cuerpo interpreta esa señal reduciendo la producción de leche.

Así que, en su intento de espaciar las tomas como sugiere la lectura, en realidad está reduciendo la producción de leche diaria y generando un problema real.

Entonces, ¿qué deberíamos sugerirle a esta madre que no es capaz de espaciar las tomas hasta llegar a los largos intervalos que logran sus amigas?

En primer lugar, podemos felicitarla por dar respuesta a las señales que le envía su bebé. Por suerte, ha sabido no imponer rutinas alimentarias desde el principio y, por tanto, su capacidad de producción de leche está al máximo. Comprobaremos que la lactancia va bien: está cómoda en las tomas, el bebé está satisfecho después de la toma (aunque sea solo por una hora o incluso menos, en lugar de 3), el aumento de peso va bien, moja pañales, y la postura y el agarre son eficaces. Si se cumple todo eso y su única preocupación es no lograr un intervalo determinado entre las tomas, debemos asegurarnos de que entienda el funcionamiento de la producción de leche todo lo posible. Puede que esta madre tenga una mínima capacidad de almacenamiento en los pechos y que necesite hacer más tomas cada 24 horas para maximizar el volumen de leche que recibe su bebé. Y puede que no haya nada que hacer al respecto. Nos queda la aceptación, el apoyo y la actitud.

Si quiere que su bebé reciba todos los beneficios de la lactancia materna exclusiva deberá seguir así aproximadamente 6 meses. Puede que necesite un mayor apoyo para atender a la alimentación fuera de casa, tal vez aprendiendo a amamantar usando un porta bebés o ensayando distintas posturas para circunstancias diferentes. Es posible que por las noches tenga que despertarse más que la amiga que logra espaciar más las tomas, aunque probablemente los intervalos nocturnos se vayan alargando y cada vez pueda descansar más rato. Puede servirle el colecho seguro.

Y solo es cuestión de meses. En cuanto se haya establecido la alimentación complementaria, los patrones cambiarán. Es sorprendente lo que podemos afrontar unos pocos meses. Tenemos botes de pepinillos en la nevera mucho más viejos que eso. Incluso podemos tener cepillos de dientes que ronden ese tiempo. En la vida adulta, seis meses son un abrir y cerrar de ojos.

La directriz de espaciarle al bebé las tomas no es de ninguna ayuda. El mensaje de que si lo dejan llorar 15 minutos tomará más leche y mejorará la vida como por arte de magia no se ajusta a lo que la evidencia científica demuestra para el común de las mujeres.

Por supuesto, la lactancia materna no es solo leche. Por lo visto, hay personas que creen que un bebé busca el pecho para comer, principalmente, pero no he conocido a ninguna madre lactante que se lo crea. De la misma forma que no medimos los tragos de agua y los mordiscos que damos, tampoco medimos cuántas veces nuestra familia nos sonríe con cariño, se comunica con nosotros, busca consuelo, nos abraza, necesita contacto o nos ayuda a sentirnos seguros. No existe una app que pueda medir todas las complejidades que se dan en la relación con nuestro bebé y todo lo que cubre una lactancia receptiva. No se puede contar y medir el amor. Puedes agotar la batería del móvil, que no va a servir para nada. Y puedes perderte algo mágico que tal vez no vuelvas a vivir.

Y por cierto, ese fue mi caso. Cuando mis hijos tenían menos de 6 meses nunca dejaron pasar más de 2 horas entre las tomas de día y poco más durante la noche. Registré las tomas en una libreta roja y a los 3 meses eran cada 90 minutos aproximadamente. Así que aprendí a amamantar mientras porteaba al bebé. Asistía a grupos y lugares que simpatizaban con la lactancia y quedaba con gente en casa. Leí sobre el colecho seguro que, sin duda, me sacó las castañas del fuego. Y, por suerte, nunca tuve la sensación de que algo fuera mal. Me decanté por confiar en mi cuerpo. Confié en mi bebé y lo hicimos como un equipo perfecto. Me senté en el sofá de mi casa a dar el pecho con relativa frecuencia, disfruté de la música y de mis bocatas saludables y no tan saludables, y todo fue bien. En realidad, fue poco tiempo. Pero los beneficios de la lactancia materna exclusiva serán eternos.

¿Qué reloj me va a decir cómo maternar? Prefiero estar atenta a mi bebé.


Sobre Emma Pickett
Tras trabajar como profesora adjunta en Londres, Emma se formó como asesora de lactancia en la Asociación Breastfeeding Mothers (www.abm.me.uk), que actualmente preside. En 2011 obtuvo su certificación IBCLC y desde entonces combina una pequeña consulta privada con el voluntariado presencial y respondiendo llamadas en la línea de ayuda nacional para la Lactancia Materna. Fue ponente en la conferencia de UNICEF Baby Friendly UK sobre el tema de la alimentación receptiva y es autora del libro You’ve Got It In You: a positive guide to breastfeeding.

Documentos de Emma Pickett publicados en Crianza Natural

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