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¿Qué es el reflejo de eyección fetal?

Publicado el jueves, 05 de septiembre de 2019. Revisado el jueves, 05 de septiembre de 2019.
Autor: Marianne Littlejohn
Tiempo medio de lectura: 9 minutos y 25 segundos

La cultura predominante en la sociedad moderna es la del control y dominación de la naturaleza, así como la dominación de grupos de personas por parte de otros grupos con más poder. Del mismo modo, las mujeres y sus cuerpos están dominados por el paradigma cultural de la época, y esto incluye a los médicos y las matronas en el ámbito del parto. Las mujeres y los médicos llevan consigo su cultura y, en las sociedades agrícolas establecidas, lo beneficioso ha sido que los descendientes fueran guerreros vinculados a la cultura prevaleciente del grupo, no a la de su naturaleza, el individuo o la familia cercana. Por esta razón, a lo largo de los siglos lo normal ha sido que las parteras y asistentes de partos intervinieran y controlasen el parto y el nacimiento.

Tal acción interfiere con el pico más alto de liberación de oxitocina que experimentará una mujer y un bebé en su vida. La oxitocina se asocia con el parto, el nacimiento, el sexo, el amor y las conductas de apego. Parece desempeñar un importante papel en nuestros comportamientos sociales y modula el conflicto o las respuestas agresivas. Michel Odent habla sobre el papel que juega la oxitocina en nuestra capacidad humana de amar y de que, cuando interferimos en el nacimiento, interferimos en las huellas perinatales de la oxitocina y nuestra capacidad de experimentar sentimientos de profundo amor y éxtasis a largo plazo. Esto, a su vez, acarrea extensas implicaciones globales.

En la cultura occidental moderna, la tecnología es prioritaria y el parto se produce, principalmente, en un entorno altamente tecnológico y con una privacidad mínima, exposición a luz brillante y mirada obstétrica desde lo clínico. Lo que me desconcierta es por qué motivo el 96% de las mujeres (aproximadamente) siguen los dictados culturales y se someten a un ingreso en un desconocido centro médico donde serán sometidas a todo tipo de procedimientos intrusivos e invasivos por parte de personas que apenas conocen, y justo en el momento más vulnerable de sus vidas: durante el parto y el nacimiento. La prevalencia de abuso a las mujeres establecido en los hospitales es indiscutible. Tanto Sharon Hodges como Henci Goer han investigado y divulgado sobre la crueldad hacia las mujeres en los centros de maternidad (Henci Goer 2010, Hodges 2009). Sin embargo, las mujeres continúan ingresando o siendo conducidas a instalaciones médicas, inconscientemente influenciadas por el paradigma cultural y la creencia de que el parto es peligroso y se le debe tener miedo. El miedo al dolor y a lo desconocido, el miedo impulsado por fotos y películas en los medios de comunicación, ese miedo nos motiva a buscar alivio. El neocórtex o cerebro pensante se encuentra, así, estimulado por nuestro pensamiento y envía mensajes a las partes protectoras más primitivas del cerebro para activar el mecanismo de lucha o huida. Tal vez las mujeres tratan de escapar de familiares entrometidos o ansiosos que están en casa, o tal vez tratan de huir de su miedo con la esperanza de que el hospital neutralice el riesgo.

El dilema es que, en modo de huida, las mujeres tienen menos capacidad de ajustar el modo de lucha cuando se encuentran ante un comportamiento coercitivo o invasivo en el hospital. Los niveles de cortisol de la mujer se elevan, al igual que los niveles de adrenalina. Frecuentemente, justo después del ingreso hospitalario, el parto de la mujer se ralentiza o se para, ya que la liberación de adrenalina detiene el progreso del parto. La futura madre no suele salir del hospital para volver a casa; sus niveles de estrés son altos, por lo que se adapta a la situación lo mejor que puede, encarcelada por su decisión de permanecer en el hospital y por su miedo.

En ese momento se desencadena otro mecanismo biológico: el de inmovilidad y la sumisión. Cuando se enfrentan a un entorno amenazante, las mujeres difieren de los hombres en su respuesta neuroquímica y hormonal ante el estrés. Es el mismo mecanismo que hace que una mujer permanezca en una relación abusiva, ese por el que la mujer maltratada no suele dejar la relación. Taylor y colaboradores (2000) citan numerosos estudios que demuestran cómo los eventos estresantes desencadenan el comportamiento de sumisión en las mujeres. La sumisión implica actividades específicas para la autoprotección y la protección de la descendencia. Someterse a otros que parecen agresivos o dominantes estimula la respuesta de congelamiento del sistema nervioso simpático. En otras palabras, ante situaciones estresantes, las mujeres tratan de establecer una relación amable con la parte dominante para evitar que les hagan daño. Los altos niveles de cortisol y adrenalina ante esta situación interfieren en la liberación de oxitocina, de tal manera que una mujer parecerá menos amenazante para el "depredador" o la persona que ostenta el poder y podrá relacionarse con la "otra persona". Ya sea que las mujeres exhiban un comportamiento de "lucha o huida" o un comportamiento de "inmovilidad y sumisión", ambos demuestran que el neocórtex ha sido estimulado. La luz brillante también actúa como estimulante de adrenalina e impide la liberación de melatonina, una hormona que es como una viola junto a un violín en una orquesta. Las dos hormonas se complementan y trabajan en concierto para llegar al clímax del parto: el nacimiento del bebé. El uso del lenguaje, las conversaciones, las preguntas, las explicaciones, las amenazas encubiertas, los plazos o los ultimátums estimulan el neocórtex, impidiendo aún más que la madre acceda a su sistema nervioso parasimpático, condición necesaria para dar a luz.

La lección principal que podemos extraer de todo esto es que el parto fisiológico es un proceso involuntario, relacionado con la actividad en las estructuras primitivas del cerebro y el cuerpo. Ocurre mejor cuando el sistema nervioso parasimpático de una mujer está en funcionamiento y ella se encuentra en un estado de confianza. Lo que necesita una madre en el parto y nacimiento es un entorno oscuro, tranquilo, silencioso y casi solitario. El parto no es una acción voluntaria, como darle al botón que enciende el microondas o girar la llave para arrancar el coche. Una mujer en trabajo de parto necesita protección ante cualquier factor que pueda estimular la estructura neocortical del cerebro. Un parto progresará cuando una mujer esté descansada, tranquila y no esté sometida a estimulación. Esta es la razón por la que la mayoría de las mujeres se ponen de parto por la noche, cuando está oscuro y hay más soledad. Una de mis clientas quería un parto vaginal después de dos cesáreas y acudió a mí para que la asesorara antes de quedarse embarazada. Hizo el trabajo de parto tranquilamente durante la noche mientras su marido y sus hijos dormían. Encontró alivio duchándose con agua tibia. Al amanecer, despertó a su marido y le dijo que tenía ganas de evacuar (¡caca!) y, por suerte, él me llamó (le dije que si pronunciaba la palabra “clave”, debía llamarme inmediatamente). Llegué justo a tiempo de presenciar el reflejo de eyección fetal: una serie corta de contracciones poderosas e irresistibles que dieron como resultado el nacimiento de un hermoso bebé.

La oxitocina es una hormona “tímida” y la interferencia cultural del nacimiento tiene el potencial de disminuir su liberación durante un período crítico para la fijación y alteración de los patrones neuroquímicos. Interferir con este período sensible perinatal puede inducir al bebé a habituarse a ser molestado, a no apegarse a la madre o a no mostrar comportamiento instintivo, como el de búsqueda del pezón. Esta interferencia puede ser determinante para el desarrollo, alejando al bebé de las interacciones maternas que inducen un comportamiento más pasivo y controlable, y por lo tanto, de adhesión al grupo social. Cuando nosotros, como matronas y doctores, encendemos las luces para poder 'ver' el nacimiento, cuando tocamos, cuando hablamos y ordenamos a una madre que empuje, cuando miramos o escuchamos con un doppler o fetoscopio, causamos un impacto en las respuestas neuroquímicas de la madre y del bebé, en ese momento tan vulnerable y transcendental del nacimiento: el reflejo de eyección fetal.

Justo antes del reflejo de eyección fetal, las madres se desinhiben completamente y puede que se comporten de manera muy explosiva y emocional. Normalmente, en ese momento los profesionales médicos desean interferir verbalmente en lugar de abstenerse de hacer comentarios. El reflejo de eyección fetal rara vez se ve en los hospitales ante matronas y médicos. Se ve alterado por los tactos, la presión del suelo pélvico, la masculinización del entorno del nacimiento, el equipo de monitoreo electrónico, las cámaras e incluso por el contacto visual. Soy afortunada, como matrona de partos domiciliarios, de haber presenciado muchos casos de reflejo de eyección fetal y de haber aprendido, con ello, a ser menos intrusiva y a confiar en la ingeniería fisiológica del nacimiento. Es posible presenciar el reflejo de eyección fetal en un entorno hospitalario si este se puede modificar de forma que las luces estén apagadas, sea silencioso y pacífico, y la matrona y el médico no hablen, comenten o interfieran de ninguna manera. Una matrona tranquilizadora, silenciosa y discretamente presente, que solo ayude cuando sea necesario, es el mejor tipo de asistencia en el parto. El reflejo de eyección fetal no es una segunda etapa del parto y suele ir precedido de una pausa en la que la madre puede detener las contracciones y dormir durante varias horas o dormitar entre contracciones. Por lo general, el vértice se coloca temporalmente justo detrás del tejido perineal antes del reflejo de eyección fetal. Cuando una madre respira profundamente entre las contracciones y está tranquila y descansando, los bebés mantienen el tono y lo hacen bien. El inicio del reflejo de eyección fetal puede parecer repentino y el bebé nace después de tres o cuatro intentos de expulsión.

Normalmente, hay una pausa de aproximadamente 2-3 minutos entre el nacimiento y el momento en que una madre está lista para dirigirse a su bebé. Las concentraciones de adrenalina en el torrente sanguíneo disminuyen repentinamente después del nacimiento, dando paso a una gran liberación de oxitocina, seguida más tarde de una liberación de prolactina. La madre que acaba de dar a luz y su bebé se vinculan activamente entre sí SI no hay perturbación. El reflejo de eyección fetal precede al que es, posiblemente, uno de los momentos más trascendentes en la vida de una mujer: el conocimiento de sí misma y de su parte en la creación de otra vida, el descubrimiento profundamente arraigado de que ella misma ha trascendido a su miedo y puede ser una leona rugiente que protegerá y cuidará a su recién nacido. Los recién nacidos requieren devoción a tiempo completo. Una madre reciente, y también su bebé, necesita todas las hormonas de amor que pueda. Piensa en cómo podríamos influir en el futuro: uno en el que los humanos sean expertos en la liberación de un cóctel de hormonas amorosas que faciliten el apego, la interacción y la cooperación entre las personas y las naciones.


Sobre Marianne Littlejohn
Marianne Littlejohn es matrona, enfermera, doula y educadora infantil, y lleva más de 35 años atendiendo a mujeres en sus partos en casa en Sudáfrica y Reino Unido. Es coautora del International Journal of Infant Mental Health y ha llevado investigaciones en el campo del Método Madre Canguro, la depresión postparto y el apego. Encontrarás más información sobre ella en su web spiritualbirth.net.

Documentos de Marianne Littlejohn publicados en Crianza Natural

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