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Cinco razones por las que los niños no nos obeceden

Publicado el jueves, 05 de septiembre de 2019. Revisado el jueves, 05 de septiembre de 2019.
Autor: Janet Lansbury
Tiempo medio de lectura: 6 minutos y 24 segundos

Los padres me preguntan a menudo: "¿Por qué mis hijos no escuchan?", pero lo que realmente quieren decir es: "¿Por qué no me obedecen?".

Los niños están listos para escuchar, y nacen preparados para comenzar a descifrar nuestras palabras e intuir nuestros mensajes no verbales. Además, son individuos únicos que desarrollan ideas, opiniones y voluntades propias con rapidez. Los bebés y los niños pequeños suelen entender exactamente lo que queremos, pero eligen hacer lo contrario.

Entonces, ¿por qué nuestros hijos no hacen lo que les pedimos? Estas son las razones más frecuentes:

1. Desconexión

Los niños se sienten desconectados por diversas razones. Tal vez hemos sido punitivos y manipuladores (a veces, sin siquiera saberlo), en lugar de las personas orientadoras, respetuosas y benevolentes que nuestros hijos necesitan que seamos para aprender cuáles son nuestras expectativas.

Podríamos haber cometido el común error de llevarnos a lo personal el comportamiento combativo de nuestro hijo, que es el apropiado a su edad. ¿Cómo puede esta niña, habiendo hecho todo lo que hacemos por ella y a la que, en definitiva, hemos entregado nuestras vidas, desobedecernos o decepcionarnos (pegar a su hermanito, por ejemplo) deliberadamente cuando se lo hemos repetido cientos de veces? ¿Es que no nos quiere?

Los niños tienden a repetir sus conductas combativas y rebeldes porque no sienten nuestro amor. Sienten que han perdido nuestro favor, son malentendidos y culpados cuando lo que necesitan es nuestra ayuda. Nuestras estrategias de control de comportamiento (normalmente, aplicadas con ira o frustración) pueden hacer que nuestros hijos se sientan incómodos, confundidos e incluso que tengan miedo, y esto se manifiesta en un comportamiento cada vez más errático. Estos comportamientos impulsivos tienden a continuar y a repetirse hasta que reconocemos el profundo mensaje que nos envían nuestros hijos: oriéntame con suavidad y ayúdame a sentirme seguro de nuevo.

2. Las palabras no son suficientes

Los padres se sorprenden a menudo cuando su adorable bebé de 11 meses les pega en la cara y se ríe y lo vuelve a hacer aunque le digan: «¡Au! No, no hay que pegar» o «¡Me estás haciendo daño!» ¿El bebé se ha vuelto malo o ha dejado de querernos? Por supuesto que no, simplemente está expresando algo que no puede verbalizar, y este momento es crucial para demostrar que sabemos gestionar estos comportamientos, que podemos reconducirlos. Le enseñamos sus manos agitadas mientras las sostenemos tranquilamente, y le decimos: «No voy a dejar que me pegues. Eso duele». Y, si tenemos a nuestro pequeño en brazos y sigue nervioso, podríamos añadir: «Te está costando no pegar, así que voy a apartarme.»

Puede que al apartalo llore. Dado que hemos tomado las medidas necesarias para evitar que nos moleste, tenemos el estado de ánimo adecuado para ser conscientes: «Vaya, Josie no descansó bien anoche, y aunque es muy temprano para su siesta habitual, está exhausta. Ese es su mensaje, y no es de extrañar que no pare de dar golpes».

Una vez que hemos entendido que nuestras palabras no son suficientes para la mayoría de los niños pequeños (y lo difícil que les resulta entender y expresar sus necesidades), vemos lo ridículo que es llevarnos a lo personal sus negativas a nuestras indicaciones verbales. Es nuestra responsabilidad dejar claras nuestras expectativas al realizar acciones firmes pero dulces.

Cómo nuestra reticencia crea culpa

A veces, cuando los padres creen que sus palabras deberían ser suficientes o son reticentes a dar el siguiente paso, intentan que sus hijos hagan (o dejen de hacer) algo por piedad. Por ejemplo, los padres le dicen a su hijo que hiere sus sentimientos cuando no recoge los juguetes, o se vuelven vulnerables y lloran cuando hay luchas de poder (algo que solo ocurre cuando los padres son reticentes a tomar el control por medio de un límite claro). Estas respuestas no solo son ineficaces, sino que también pueden hacer que los niños se sientan culpables y adquieran un sentido de la responsabilidad (y, por lo tanto, de incomodidad) inadecuado ante la vulnerabilidad de los demás.

3. No somos convincentes o nos puede la emoción

"Si un padre no cree totalmente en la validez de una regla en particular o tiene miedo de que el niño no obedezca, es probable que el niño no lo haga." - Magda Gerber

La forma en que damos instrucciones determinará si nuestros hijos las siguen o no. Algunos padres necesitan ayuda para perfeccionar su mensaje y que resulte práctico, por ejemplo, recordando finalizar sus oraciones con un punto (en vez de preguntando algo como "¿de acuerdo?").

También puede que los padres necesiten perfeccionar lo que yo llamo la «autoresignación» y usarla en lugar de seguir el impulso de correr gritando «¡NO!» cuando el bebé está a punto de meter la mano en el cuenco del perro, o de perseguir al niño que se ha escapado huyendo del parque cuando toca volver a casa (salvo en el caso de emergencias como salir a la carretera, por supuesto). Una reacción abrupta, en lugar de actuar tranquilamente con confianza, puede causar numerosas repeticiones del comportamiento no deseable, que se habrá convertido en un juego emocionante.

Las "respuestas de autoresignación" también son útiles cuando los niños lloriquean, gritan o prueban a decir la nueva palabrota que han escuchado en clase. Es mucho más probable que los niños olviden esa palabra y dejen de lloriquear o gritar si deshabilitamos la conducta ignorándola (lo que no significa ignorar intencionadamente a nuestro hijo) o indicando, de forma indiferente, algo como: "Eso es un poco demasiado fuerte", o "Esa palabra es desagradable. Por favor, no la uses».

4. Somos demasiado directos

A nadie le gusta que le den órdenes, especialmente si se trata de niños pequeños (o adolescentes). Siempre que sea posible, ofrece opciones y autonomía a los niños (incluidos los bebés). Los niños, desde el nacimiento, desean ser sujetos activos en esta vida. Procura que los niños pequeños tomen parte en las decisiones y pídeles que te ayuden a resolver problemas. Lisa Sunbury, autora de Regarding Baby, ofrece buenas sugerencias en su post "Hablemos".

Equilibrar nuestras órdenes con un montón de tiempo de juego libre con niños que toman todas sus decisiones tiene como consecuencia que estén más dispuestos a escuchar cuando los dirigimos. También ayuda a que recordemos siempre reconocer el punto de vista de nuestro hijo, como en el ejemplo: "Nos lo hemos pasado genial en la calle y entiendo que no quieras irte, pero nos tenemos que volver".

5. Nuestro hijo tiene mejores cosas que hacer

A veces, no seguir las instrucciones es algo bueno, ya que refleja el instinto tan saludable y encantador que nuestro hijo tiene para aprender de la manera en que mejor aprenden los niños pequeños: a través del juego, la exploración y siguiendo su motivación interior

"Mi hija tiene 2 años y medio y cuando vamos a hacer actividades (grupos de juego estructurados, cosas de niños pequeños) no sigue las indicaciones (o las sigue muy de vez en cuando). Tal vez lo hace hasta cierto punto, pero en general es la cabra loca que rueda, corre y baila en círculos por toda la sala mientras los demás niños están sentados en silencio al lado de sus mamás... ¿Debería preocuparme por esto? ¿La dejo explorar a su aire (aquí es invierno, así que disponer de una gran sala en la que poder correr es un lujo) o sigo intentando hacer que escuche al "monitor" que trata de realizar una sesión?"

Mmmm... ¿escuchar a un "monitor"? ¿O rodar, correr y bailar? Difícil cuestión.


Sobre Janet Lansbury
Janet Lansbury, ex actriz y modelo, comenzó su pasión por la educación de madres y padres cuando ella misma se convirtió en madre y buscó la orientación de la experta infantil Magda Gerber para luego formase con ella profesionalmente. Durante los últimos 20 años, Janet ha impartido clases de crianza en RIE (Resources for Infant Educarers) en Los Ángeles, de la cual forma parte de la junta directiva, ha presentado numerosas conferencias sobre primera infancia y ha escrito diferentes artículos sobre el tema.

En la actualidad ofrece su apoyo a cientos de miles de padres en todo el mundo a través de su sitio web JanetLansbury.com, compartiendo ideas obtenidas a través de sus clases de crianza y experiencias personales como madre de tres hijos. Janet alienta a los padres y profesionales del cuidado infantil a percibir a los bebés como seres humanos únicos y capaces con habilidades naturales para aprender sin que se les enseñe, para desarrollar habilidades motoras y cognitivas, comunicar, enfrentarse a los retos de su edad, a iniciar y dirigir juegos independientes por períodos prolongados, y mucho más.

Es autora del libro Hacia otro nivel de cuidado.

Documentos de Janet Lansbury publicados en Crianza Natural

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