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Reparar las relaciones con nuestros hijos

Publicado el viernes, 23 de agosto de 2019. Revisado el viernes, 23 de agosto de 2019.
Autor: Janet Lansbury
Tiempo medio de lectura: 7 minutos y 56 segundos

Hola Janet,

¡Gracias! Cada artículo que escribes habla sobre las necesidades personales que tengo como madre en este momento. Tengo un niño de 3 años y medio y otro de 11 meses, y desearía haber dado con tu filosofía de crianza antes de nuestro primer hijo. Siento que tengo mucho por "reparar", y soy consciente de las maneras en que posiblemente he creado problemas con nuestro hijo por cómo he gestionado las cosas cuando era más pequeño.

Es un niño muy dulce, bastante inteligente, aunque a veces es un poco distante emocionalmente. En febrero cumplió 3 años y desde entonces llora mucho por todo. Cosas simples como pedirle que deje de jugar para sentarse a comer se convierten en una crisis absoluta.

Mi error fue (creo) no haberle dado tanto contacto físico y seguridad como necesitaba un bebé como él. Resulta que tuvo algunos cólicos y frenillo, lo que provocó problemas de lactancia durante las primeras 12 semanas. Mi familia y compañeros son personas partidarias de dejar llorar a los bebés y me dieron lo que ahora creo que fue un mal consejo. Me hicieron sentir culpable, como si lo estuviera mimando si lo cogía por cualquier llanto. Sinceramente, volviendo la vista atrás me enfado conmigo misma por no haber sabido ver que era un consejo ridículo.

Siento que las dificultades de ese primer año lo llevaron a distanciarse. Desde que el año pasado nació su hermano (mucho más fácil de dormir, de amamantar y de todo en general), veo que mi niño vuelve a hablar como un bebé (algo que realmente nunca hizo y fue muy precoz en el habla) y a comportarse de manera atontada y sensible. Quiere que lo coja todo el rato, especialmente cuando me pongo a dar el pecho o a cambiar al bebé. Creo que en parte pueden ser problemas normales de la relación entre hermanos, pero también creo que de alguna manera perdí la oportunidad de darle ese consuelo inicial cuando era bebé.

¿Cómo puedo revertir esto? Siento que hay algo que anhela de mi marido y de mí por no haber sido accesibles para él en sus primeros años, pero no estoy segura de cómo abordarlo ahora que es mayor. ¿Cómo le hago ver que es amado y siempre, siempre lo será?

Atentamente,
Julie.

Hola Julie,

Lo primero y más importante: te sugiero que no te estanques en la sensación de que le fallaste a tu hijo en su primer año. Si lo hiciste o no (y sinceramente, dudo que lo hayas hecho), es agua pasada. No se puede sacar nada bueno de autocastigarse por lo que percibimos como errores del pasado.

Buenas noticias: los niños pequeños son resilientes y tienen capacidad de adaptación, y se mueren de ganas por establecer una relación cercana y de confianza con sus padres. Hay muchas cosas que pueden hacerse para reparar lo necesario con niños de cualquier edad. Mayormente, implicará comprometerse a reconocer y aceptar todos los sentimientos del niño, las reacciones exageradas y la «tontería» sin juzgar en absoluto. La aceptación incondicional es el camino al corazón de cualquier niño.

Entonces, centrémonos en lo que está sucediendo ahora. El principal problema que veo es la adaptación de tu niño al bebé. Un bebé recién nacido revolucionará hasta al niño más seguro del mundo, y la clave para una adaptación saludable no está en juzgar (o preocuparse) porque un hermano mayor hable como un bebé, por su fragilidad emocional, su necesidad o los deseos de ser abrazado. Son reacciones típicas, esperadas, e incluso bienvenidas. Y tienen su razón de ser...

Que tu hijo te pida que lo cojas y otros comportamientos llamativos son su manera de comunicar su incomodidad y su intensa necesidad de tranquilidad. Esas son las preciosas ventanas que te abre para que veas lo que le está pasando.

La llegada de un nuevo bebé a menudo provoca que los niños teman perder nuestro amor y su lugar en la familia. Cuando nos molestan sus inofensivos comportamientos «pueriles», nuestros hijos lo notan. Eso alimenta sus miedos, y crea más inseguridad y distancia.

Por lo tanto, aunque parezca que tu hijo está llorando por cosas insignificantes, en realidad está usando (inconscientemente) estas situaciones como oportunidades para expresar su verdadero dolor, tristeza y sentimiento de pérdida. Por eso es imprescindible dar toda la confianza posible para que tu hijo exprese sus deseos y sentimientos ante cualquier situación. Y no solo durante esta transición, sino siempre. Aunque no siempre puedas cumplir sus deseos, nunca los cuestiones.

En su lugar, responde a sus peticiones de mayor seguridad e intimidad con honestidad y sin juicios, de manera parecida a esta:

1. Acepta con calma e intenta entender que tu hijo hable como un bebé, así como su necesidad, fragilidad o cualquier otra demanda que tenga ahora y en los próximos años. Gestiónalo con confianza. En lugar de enfadarte y perder los estribos, recuerda que siempre sucede por una razón. Por lo tanto, pon límites ante conductas perjudiciales, pero, de lo contrario, pasa de ello.

2. Ofrece respuestas y límites respetuosos y honestos.

Es lógico que el niño demande tu atención justo cuando tienes que atender al bebé. Tenlo en cuenta e, insisto, acepta y comprende, al mismo tiempo que defines límites honestamente: «Comprendo que quieres que te abrace ahora mismo. Tengo muchas ganas de sentarme contigo en cuanto acabe de cambiarle el pañal al bebé».

Entonces, es imprescindible que hagas lo dicho confiando en la capacidad que tu hijo tiene para gestionar este límite, en lugar de transmitir un mensaje de culpabilidad, ambivalencia o incomodidad. En otras palabras...

3. No tengas miedo de los sentimientos.

Insisto, todo es cuestión de confianza. Confía en todos los sentimientos de tus hijos, especialmente en los más duros e irracionales, porque siempre son exactamente los que necesitan expresar en ese momento concreto. Esos sentimientos no deben ser corregidos en absoluto. Son perfectos, así que déjalos ser.

4. Reconocimiento.

No importa cuán extrañas o excesivas te parezcan las demandas o reacciones: acéptalas y reconócelas. «Estás tan enfadado porque te he dicho que te sentaras a comer. Gosh, te enfada mucho que cuando estás jugando de repente te diga que es hora de comer. No mola».

(Un inciso: a veces los niños reaccionan así cuando están demasiado hambrientos y su nivel de azúcar en sangre es bajo).

5. Proporciona a diario un «tiempo de calidad» durante el cual puedas estar a plena disposición de tu hijo, incluso si solo puedes comprometerte a veinte minutos. La experta en infancia Magda Gerber usa el concepto «Wants Nothing» y lo explica en Dear Parent: Caring For Infants With Respect:

«La mayoría de las personas estamos acostumbradas y acondicionadas a "hacer algo". El tiempo Wants Nothing es distinto; es más bien un momento para aceptarlo y esperar. Aceptamos completamente la esencia del niño desde nuestra propia receptividad. Nuestra presencia le dice al niño que estamos ahí real y conscientemente. Si durante ese rato sientes sinceramente que deberías estar haciendo otra cosa, o si estás pensando en qué cocinar o a quién tienes que llamar, entonces no es el momento adecuado».

El tiempo de calidad juntos puede ser el momento perfecto para ofrecer más apoyo y empatía, por medio del reconocimiento general: «Tiene que ser muy duro para ti tener que esperar a veces a que te haga caso ahora que está tu hermano. Entiendo totalmente lo duro que puede ser».

6. Pide disculpas.

Cambiar nuestras formas y hacer las paces son las herramientas más poderosas que tenemos para reparar nuestras relaciones con los niños, al igual que con otros adultos. Las disculpas sinceras y humildes son también un modelo de comportamiento inestimable.

Si bien yo no pediría disculpas por marcar límites claros y respetuosos (porque puede implicar que parezcamos vacilantes o ambivalentes respecto al límite), siempre lo haría cuando perdiese los nervios, me pudiese la impaciencia o la duda, cambiase de opinión, cometiera un error, hiciese daño a mi hijo (intencionadamente o sin querer) o, en tu caso Julie, al darme cuenta de los errores del pasado reciente. Cuando paséis un rato juntos, puedes decirle:

«Ayer no tuve paciencia y fui una gruñona contigo cuando me pediste que te diera un abrazo mientras estaba ocupada con el bebé. Lo siento. Fui desconsiderada».

7. Cree en tu hijo.

Al releer tu mensaje, Julie, resulta interesante el hecho de que, inmediatamente después de expresar tu preocupación por la relación distante con tu hijo, ilustras tus fervientes deseos de recuperarte:

«Siento que las dificultades de ese primer año lo llevaron a distanciarse. Desde que el año pasado nació su hermano (mucho más fácil de dormir, de amamantar y de todo en general), veo que mi niño vuelve a hablar como un bebé (algo que realmente nunca hizo y fue muy precoz en el habla) y comportándose de manera atontada y sensible. Quiere que lo coja todo el rato...».

Si él fuera un adulto con las mismas necesidades, el comportamiento de tu hijo se consideraría melodramático y tonto. Pero solo es un niño, tu dulce niño, enviándote un mensaje como lo haría cualquier niño. Nuestros hijos tienen un instinto de sanación excelente, así que confía en su proceso...


Sobre Janet Lansbury
Janet Lansbury, ex actriz y modelo, comenzó su pasión por la educación de madres y padres cuando ella misma se convirtió en madre y buscó la orientación de la experta infantil Magda Gerber para luego formase con ella profesionalmente. Durante los últimos 20 años, Janet ha impartido clases de crianza en RIE (Resources for Infant Educarers) en Los Ángeles, de la cual forma parte de la junta directiva, ha presentado numerosas conferencias sobre primera infancia y ha escrito diferentes artículos sobre el tema.

En la actualidad ofrece su apoyo a cientos de miles de padres en todo el mundo a través de su sitio web JanetLansbury.com, compartiendo ideas obtenidas a través de sus clases de crianza y experiencias personales como madre de tres hijos. Janet alienta a los padres y profesionales del cuidado infantil a percibir a los bebés como seres humanos únicos y capaces con habilidades naturales para aprender sin que se les enseñe, para desarrollar habilidades motoras y cognitivas, comunicar, enfrentarse a los retos de su edad, a iniciar y dirigir juegos independientes por períodos prolongados, y mucho más.

Es autora del libro Hacia otro nivel de cuidado.

Documentos de Janet Lansbury publicados en Crianza Natural

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