Si aún no lo has hecho, suscríbete a nuestra web

Teléfonos de contacto:
936 452 369
649 413 479
Formulario de contacto

El sexting y la libertad sexual

Publicado el martes, 22 de enero de 2019. Revisado el martes, 22 de enero de 2019.
Autor: Liz Torres Almeida
Tiempo medio de lectura: 4 minutos y 6 segundos

Entendemos por sexting el intercambio de contenido sexual a través del medio digital. Puede agrupar todo un espectro de erotismos, desde los clásicos mensajitos subidos de tono, que existen desde la invención del papel y de la tinta (como poco, ya que igual hasta se cincelaban en piedra), hasta la producción y contemplación de shows variados por videoconferencia. Parece ser que el envío de "nudes" es una práctica habitual entre los jóvenes y a mí, lejos de parecerme escandaloso, me resulta de lógica entre los nativos digitales que transitan la adolescencia.

Podemos pensar que no, que nuestra hija no. Podemos escandalizarnos, acusando la moral que venimos mamando y el inmenso salto generacional sin precedentes que ha supuesto internet en la palma de la mano. Podemos pensar lo que queramos, pero la realidad es que la mayoría de nuestros hijos e hijas van a hacer sexting en algún momento y sería bueno que pudiéramos echar una mirada más realista o incluso más amable a una práctica que, de por sí, no es más que una de las múltiples expresiones de la sexualidad: seducción, autoafirmación, relación entre los sexos.

Es posible contemplar la adolescencia como un periodo de grandes riesgos; esa es la mirada habitual del adulto, tan de vuelta de todo, tan aprehendido de los errores y aciertos del mundo, tan copado de la sabiduría que regala la edad. Paternalismo, que es a lo que estamos. Todo el mundo sabe que las personas adolescentes suelen tender a la obediencia ciega a sus figuras de autoridad. Como sabe todo el mundo, ningún joven se esconde de lo que sentenciamos debe hacer y todos reprimen lo que les pide el cuerpo.

También podemos contemplar la adolescencia como un periodo de grandes oportunidades, un escenario ideal donde poner en práctica lo que va a ser el muy próximo futuro adulto, contando con el respaldo de tu familia, estos sí, adultos de tomo y lomo. Tu salida de emergencia, tu simulacro bajo control. A este concreto puedo extraer algunas cosas positivas que el sexting puede procurar a nuestras hijas e hijos, como por ejemplo, descentralizar la práctica sexual, empoderarse desde la imagen propia, recrear autoestima, aproximarse al cultivo de un deseo mutuo, jugar (lo lúdico, ese terreno lleno de obstáculos).

Sea como fuere, podemos tener miedo no por el sexting en sí, que es algo así como tener miedo a que tu hija se toque, tenga pareja o se guste. Puede que tengamos miedo a la vuelta macabra que se le pueda dar al material producido, algo que se conoce como sextorsión. Echar pestes del sexting por el miedo a que otro cometa un acto de delincuencia convenientemente tipificado me parece algo así como oponerse a la minifalda o a la tanga de encaje porque nos violan. ¿Así andamos a estas alturas de la vida? Igual hay que incorporar a la consabida y vergonzante charla del condón eso de que difundir un material de contenido íntimo es delito, por no hablar de que si el contenido muestra a una persona menor de edad puede ser directamente distribución de porno infantil. Igual se puede hablar de cifrar el contenido a través de varias apps nacidas para estas pajillas modernas, que autodestruyen el material y evitan las capturas de pantalla, y que puedes encontrar a golpe de Google aunque probablemente tus hijos ya lo sepan. Si ocurre un delito existe el cauce legal y lo más inconveniente es revictimizar a la víctima a través de nuestra amplia sabiduría (no sé yo cuántas habríamos resistido intachables a una adolescencia con registro permanente como la de ahora).

En cualquier caso, de nuevo y como siempre, aprecio que el vínculo que podamos establecer con nuestra prole es la mejor garantía ante este y otros retos que nos propone el maternar, incluso con la falta de experiencia que nos supone el salto digital. En serio, si tu hija o hijo saben fehacientemente que se confía en ella o él, que se le otorga la libertad necesaria para andar su mundo, que este es un lugar seguro al que acudir en busca de ayuda si la ocasión lo merece, si no se le va a culpar ni avergonzar, está medio camino hecho. Esa es la mejor protección posible en caso de problemas.

En caso de que no los haya, una familia donde se ha promovido el afecto, la autoexploración, la autoestima, el juego (el juego sexual también), será a su vez no la panacea, pero sí una buena escuela para reconocer qué relaciones son más confiables, qué personas nos quieren bien y nos respetan, qué placeres otorgan los cuerpos o cuáles son los propios deseos y cuáles no.

Justo esto es la educación sexual, el mejor vehículo para transitar una sexualidad placentera ejercida en libertad. Supongo que eso es algo que queremos para nuestras hijas, ¿verdad?.


Sobre Liz Torres Almeida
Liz Torres Almeida es psicóloga, sexóloga y madre de dos niños.

Documentos de Liz Torres Almeida publicados en Crianza Natural

Compártelo:

© 2003-2020. Crianza Natural, S.L. Todos los derechos reservados. Este documento no puede ser reproducido por ningún medio, total o parcialmente, sin autorización expresa de Crianza Natural, y, en su caso, de los autores y traductores.