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Sobrevivir a la ansiedad por separación

Publicado el jueves, 19 de septiembre de 2019. Revisado el miércoles, 27 de mayo de 2020.
Autor: Tracy Cassels
Tiempo medio de lectura: 9 minutos y 14 segundos

Vivimos en una cultura totalmente incompasiva ante las necesidades de nuestros niños, especialmente cuando se trata de la ansiedad por separación. La idea de que nuestros hijos, nuestros bebés, nos necesitan más que nunca en esta etapa parece volcar en nuestro pensamiento colectivo temores de necesidad, apego y una incapacidad general para lidiar con el mundo. Sí, tememos que la ansiedad que experimentan nuestros hijos de 9 a 18 meses de edad (de media) cuando están separados de la persona o personas en quienes más confían para mantenerlos a salvo en el mundo sea, de alguna manera, un indicativo de debilidad.

Esto no sería demasiado importante si la mayor parte de las personas fuera capaz de ver lo idiota que es esta idea colectiva, aunque entonces dejaría de ser una idea colectiva, ¿no? Sin embargo, la mayoría se preocupa profundamente cuando su hijo experimenta ansiedad por separación.

¿Qué pasa si mi hijo nunca se separa de mí? ¿Qué pasa si no aprende nunca a estar con otras personas?

Aunque entiendo el miedo que los padres pueden tenerle a esto porque, al fin y al cabo, nadie quiere llevar a su hijo de 40 años agarrado a su falda por el supermercado, no puedo evitar pensar cuál es la causa de este miedo. Nunca he visto a un adolescente con su mamá o papá sentados al lado en su clase del instituto o a un niño de 30 años que aún duerma en la cama de mamá y papá. Sinceramente, si me dices que tú conoces muchos, no te creo, porque, quitando los casos donde hay un trastorno del desarrollo, no existe tal cosa.

Parece una situación tipo Imperio Inca, como si tuviéramos que hacer un sacrificio para que el sol vuelva a salir a la mañana siguiente, ignorando el hecho de que el sol saldrá sacrifiquemos o no a nuestras vírgenes (nuestros niños, en este caso). No necesitamos obligar a nuestros hijos a separarse de nosotros para “curar” su ansiedad. De hecho, desde la perspectiva del desarrollo, lo mejor que podemos hacer es ayudar a que nuestros hijos se sientan seguros durante esa etapa de “estar ahí”. Forzar la separación, o el sacrificio virginal que decíamos, no favorece una mayor independencia. En este caso, a diferencia del sacrificio virginal, lo que puede provocar en realidad es lo contrario: una independencia falsa o superficial porque se han manipulado los cimientos de la seguridad, que se perfeccionan en el periodo de la ansiedad por separación.

Sin embargo, esta idea colectiva ha creado un serio problema para muchos padres: sobrevivir a la ansiedad por separación. Debido a que nuestras expectativas sobre nuestros hijos y sobre nosotros mismos están tan sesgadas por esa incipiente independencia que creemos que debería darse, es probable que tengamos que batallar con esfuerzo cuando aparezca la etapa de ansiedad. Y seguir. Y seguir. Y seguir.

Espero que puedas encontrar, a continuación, algunas formas de ayudarte a sobrellevar esta etapa. Aunque puede ser difícil para los padres, siempre les recuerdo a las familias que es una buena señal. Cuando los niños no muestran ningún signo de ansiedad por separación, se enciende el piloto de que algo podría estar mal (aunque no siempre). Y recuerda que los niños mostrarán diferentes niveles de ansiedad en función de su temperamento. El hecho de que tu niño pueda estar muy pegajoso durante esta etapa no significa que algo esté “mal”; simplemente tu hijo es así. Mientras tanto, aquí recojo algunas cosas en un intento de ayudarte a mantener tu salud...

Modifica tus expectativas.

Soy consciente de lo difícil que es esto. Yo misma he batallado con este tema últimamente, mientras intento continuar pasando consulta, dando clases o escribiendo, con un bebé que me quiere en todo momento a menos de unos pocos centímetros de distancia. No puedo esperar que cambie (y no quiero que lo haga). Por lo tanto, debo estar dispuesta a cambiarme a mí misma y a lo que creo que debo hacer cada día. He reducido el tiempo que habitualmente dedicaba a la limpieza. Estoy reduciendo las horas que trabajo. Ya no me dedico a hacer y deshacer cajas, dejando una habitación llena de cajas que vaciar. Lucho contra estas cosas todos los días. A veces, cuando paso por la “habitación de las cajas”, tengo ganas de gritar. Sueño con tirar todo, hacerme con una tienda de campaña e irme a vivir al monte. No es tan sencillo. El trabajo es necesario en tanto que procura el dinero necesario a la familia, pero haré lo que pueda y, si necesitamos ir más ajustados durante unos meses, lo aceptaré.

Cuando lucho contra mis expectativas, me recuerdo que mi hijo me necesita. La parte difícil es que rara vez hay un momento oportuno para que alguien nos necesite. Las crisis no aparecen en el momento perfecto de nuestras vidas. Justo entonces es cuando podemos mostrarle exactamente cuánto significa para nosotros. Cuando me enfrento a la pérdida de autonomía en mi vida actual, me recuerdo a mí misma la muerte de mi madre y cómo mi marido tuvo que dejarlo todo porque yo le necesitaba. Tuvo que alejarse de su hijo, que estaba en Vancouver mientras nosotros estábamos en Toronto, dejar de trabajar para ayudarme con las gestiones del apartamento de mi madre (lo que provocó algunas dificultades financieras, pero pensamos que las superaríamos a largo plazo) y, en general, encargarse de un caso perdido de esposa que no superaba la situación y una hija de 2 años que no tenía ni idea de lo que estaba pensando. Perdió su autonomía y no fue oportuno, pero no se quejó (aunque estoy segura de que hubiera querido hacerlo) y no dudó. Estuvo ahí. Tal y como es necesario que yo esté para mi niño.

No introduzcas nuevos cambios, en la medida de lo posible.

¿Te planteas un cambio a una nueva guardería en medio de la ansiedad por separación? Si hay que hacerlo, hay que hacerlo, pero en principio no es buena idea. A menudo, los cambios agravan el problema y pueden provocar que tu hijo se aferre más tiempo. Por supuesto, a veces estos cambios son necesarios y los padres no tienen otra opción. En estos casos, hay que asegurarse de tener una gran reserva de comprensión para el hijo, ya que le va a ser mucho más difícil de lo que podamos imaginar. Intenta hacer la transición lo más lentamente que puedas. Es decir, si sabes que vas a volver al trabajo cuando tu hijo tenga un año, intenta planificar un mes para la adaptación (sea en una guardería, con un cuidador o incluso para aprender a entender que te ausentas con otras personas), de manera que tu hijo tenga tiempo para establecer las conexiones neuronales necesarias para darse cuenta de que la transición es segura y que tú seguirás estando disponible para él.

Empatiza en voz alta.

Cuando me estreso porque el niño está muy inquieto o molesto, me resulta más fácil tratar de ponerme en su lugar antes de decir cualquier cosa. Empiezo con “sé que es muy difícil para ti, porque quieres estar conmigo y en este momento me necesitas para poder sentirte seguro…”, antes de comenzar con lo que tengo que hacer, y lo digo en voz alta para escucharlo yo realmente. Cuando inicio este ejercicio de toma de perspectiva me siento mucho más empática que cuando arranco diciéndole a mi hijo que me deje marchar, que tengo que ir al baño o lo que sea. La empatía sirve de mucho. Recuerda que empatizar con tu hijo es bueno para él, pero también es muy bueno para ti. Aprender a tomarte un tiempo para adquirir la perspectiva de tu hijo te ayudará a entrenar la capacidad de perspectiva y este proceso se irá volviendo más automático y, por tanto, facilitará todas las interacciones con tu hijo. También hace que te des cuenta de lo que te frustra y de que el niño no es "malo" ni manipulador, sino que tiene miedo y te necesita porque le haces sentir seguro. No es tan malo, ¿no?

Practica mindfulness.

En realidad no soy la persona más indicada para escribir estas palabras, pero espero hacer caso de mi propio consejo algún día. Aspiro a la atención plena. Paso de 0 a estresada en 3,4 segundos y aprieto las mandíbulas antes siquiera de respirar. Sin embargo, conozco los estudios y sé lo útil que es aprender y practicar la atención plena. Practicar con regularidad esta habilidad y tenerla a mano ayuda a calmarse en caso de ansiedad y pánico frente a las emociones de los niños que son más intensas de lo que podemos gestionar. Cuando te sientas a tope, tomarte un momento para simplemente respirar y aceptar puede marcar una gran diferencia. ¡Espero poder hacerlo algún día yo también!

Pide ayuda.

En nuestra sociedad, pedir ayuda no es algo que a la mayoría le resulte cómodo. De alguna manera, pedir ayuda parece ser un signo de debilidad, a pesar del hecho de que nuestra sociedad sea así actualmente gracias a las mujeres que cooperaron en el pasado. Sin embargo, cuando te sientas abrumada por no poder hacer nada con un bebé que te necesita las 24 horas, es hora de pedir refuerzos. Lo esperable es que tengas amigos que estén dispuestos a doblar ropa, barrer el suelo, cocinar o, si el bebé lo desea, abrazar a un bebé. No estamos diseñados para hacerlo todo nosotras mismas, así que acostúmbrate a la idea de pedir ayuda. ¿Quién sabe? Tal vez pedir ayuda permita que uno de tus amigos te devuelva el favor más adelante y te pida ayuda a ti.

Disfrútalo.

Qué locura, ¿verdad? Pero así es. Piensa que este es el momento en que tendrás más mimos, más abrazos y en que más contento estará tu hijo solo por verte. Disfrútalo. Pronto, tu pequeño bebé estará explorando el mundo, escapándose con una sonrisa inmensa y esos mimos irán a menos y serán más esporádicos. No solo es el momento de disfrutar a tope con tu bebé, sino que también es el momento de hacer las cosas que la mayoría no hace en este mundo nuestro tan frenético y obsesionado con el trabajo. Si tu hijo insiste en tumbarse contigo, aprovecha el rato para leer un libro, ver algo en la tele (con auriculares), tejer o incluso (¡oh, dios mío!) echarte una siesta. Cuando quieras hacer algo con tu bebé, cógelo y sal a pasear o pon una manta al aire libre para disfrutar del aire fresco. Trata de disfrutar de tu año sabático forzoso en medio de tu vida cotidiana, y saborea esta magnífica etapa junto al ser humano que has traído al mundo.


Sobre Tracy Cassels
Tracy Cassels es la autora principal de Evolutionary Parenting. Se licenció en Ciencias Cognitivas en la Universidad de Berkeley, California, ha realizado un master en Psicología Clínica en la Universidad de British Columbia y actualmente está trabajando en un Doctorado en Psicología del Desarrollo también en la Universidad de British Columbia, en el que está estudiando como ciertos factores evolutivos afectan al comportamiento empático de los niños.

Documentos de Tracy Cassels publicados en Crianza Natural

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