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La verdad sobre las consecuencias

Publicado el viernes, 30 de agosto de 2019. Revisado el viernes, 30 de agosto de 2019.
Autor: Laura Markham
Tiempo medio de lectura: 4 minutos y 37 segundos

Mi momento «Aha! Parenting» de la semana pasada llegó cuando mi marido me llamó tres veces desde el trabajo para que le enviase algo a su email. A menudo, trabaja desde el ordenador de casa y luego se envía los documentos por correo electrónico para poder acceder a ellos desde el ordenador del trabajo. Un par de veces al año se olvida de enviar algo importante, así que me llama para que se lo envíe por email. Por suerte, tengo la oficina en casa, así que me resulta fácil ir a su ordenador y enviar el correo.

La semana pasada no sucedió solo una vez, sino tres en tres días diferentes. Mi marido se disculpó por haberme interrumpido en mi trabajo. Estaba agradecido de que pudiera ayudarlo. Pero me sorprendí preguntándome si tal vez hubiera sido mejor que le recordara que debe cuidar su tarea él mismo, en vez de mostrarme tan dispuesta a ayudarlo. Después de todo, el consejo que los expertos en crianza dan siempre a los padres es no «rescatar» a los niños si se olvidan de los deberes o del bocadillo, de forma que «aprendan la lección».

Sonriendo, fantaseé con un escenario en el que le diría a mi marido que le quiero mucho pero que no puedo enviarle el documento por email, porque eso le animaría a continuar con su irresponsable comportamiento. Él podría pensar que le ayudo enviándole su importante documento, pero realmente, no lo enviaría por su propio bien. Sé que no sería fácil ese momento en que no pudiera acceder a la presentación necesaria para la reunión, para la que ha trabajado tan duro, pero estoy segura de que aprendería una lección importante a partir de esta experiencia. Algún día me daría las gracias por ayudarle a aprender esta valiosa lección.

Pensé en cuál podría ser la respuesta de mi marido. Incredulidad, por supuesto, y luego súplica. Después, ira. Y, si mantuviese mi posición, podría incluso concluir que no le quiero de verdad. Después de todo, si realmente le quiero, ¿no haría todo lo posible por ayudarle cuando me lo pide?

Tuve que reírme de este escenario. Por supuesto que nunca le haría eso a mi marido. Y exactamente por las mismas razones nunca haría le haría eso a mi hijo. He tenido oportunidades, aunque nunca tres veces en una semana. Pero, estando en secundaria, mi hijo me llamó un par de veces para que le enviara un trabajo por email, para que pudiera acceder a él desde el colegio. Y probablemente una vez al año, mientras mi hija estaba en primaria, caminé cinco manzanas hasta la escuela para llevarle algo que se le había olvidado en casa. Si les hubiese dicho que no, podrían haber aprendido la lección de no olvidar su trabajo. Pero me temo que también habrían aprendido otra lección, no deseada, de no contar con apoyo, y de no ser lo suficientemente amados, lo suficientemente importantes, para que su madre les hiciera un pequeño favor que necesitaban desesperadamente. ¿Vale la pena?

Le pregunté a mi hija de 14 años lo que pensaba sobre el consejo de crianza estándar de no rescatar a los niños en estas situaciones. «¿Es un favor fácil de realizar para los padres?», preguntó. «Obviamente, no vas a dejar de trabajar para ir a casa a por algo que el niño se ha olvidado. Pero, ¿me estás contando que los expertos dicen que no hay que ir hasta la habitación de al lado a enviar un email o a la escuela que está a cinco manzanas de distancia?».

- «Así es», le dije. «Dicen que así se enseña a los niños esperar de brazos cruzados y a no ser responsables.»
- «Cualquiera que diga eso es un idiota», respondió.

Los adolescentes necesitan saber que pueden contar con sus padres. Los padres que sigan ese consejo lograrán que los adolescentes no acudan a ellos cuando tengan problemas. Además, pedir ayuda es una habilidad vital que todo el mundo necesita.

Entonces, ¿por qué ES este un consejo normalizado en la crianza de los hijos? Creemos que estamos enseñando a los niños a ser más responsables. En cambio, les estamos enseñando que no pueden contar con sus padres.

Y no es solo en el tema de cosas olvidadas. La mayoría de los padres castigan a sus hijos con “consecuencias” para que aprendan lecciones, y sin saberlo, les enseñan las cosas equivocadas.

Entonces, ¿he enseñado a mis hijos a ser irresponsables rescatándolos ocasionalmente? No lo creo. Ambos son buenos estudiantes. Hacen los deberes en cuanto llegan a casa. Parecen olvidar las cosas con menos frecuencia que yo.

Tal vez te preguntes qué habría pasado si mis niños se hubieran olvidado de algo tres veces en una misma semana. Y, después, tres veces la semana siguiente. ¿Me negaría a rescatarlos entonces? ¿No me aseguraría de que sufrieran las consecuencias, de que aprendiesen la lección?

En realidad no. Trabajaría con ellos para desarrollar un hábito que les ayudase a recordar, por ejemplo, imprimiendo siempre los trabajos la noche anterior, preparando la mochila y dejándola en la puerta o poniendo una nota en la mochila si queda algo por meter, como el almuerzo que está en la nevera. Y no irse a dormir hasta no enviar por correo los trabajos realizados.

¡Es exactamente el hábito que trabajaré con mi marido esta noche!


Sobre Laura Markham
La Dra. Laura Markham es Psicóloga Clínica por la Universidad de Columbia y madre de dos hijos. Es la editora del portal AhaParenting.com y colaboradora habitual de otros sitios web sobre crianza.

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